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Opinión

Cuando el oropel puede ser un atentado a la salud colectiva

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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Declaró el alcalde Luis Guillermo Benítez el lunes que en Mazatlán “la gente está cansada de tanto encierro”. Lo que es no tener pena, como dicen las abuelas. Apenas dos semanas antes de esta afirmación, ofreció una fiesta masiva en Olas Altas para recibir el Año Nuevo.

El mismo 31 de diciembre del año recién concluido invitaba a la gente a asistir al evento multitudinario cuyo aforo, aseguró muy orondo a la prensa, fue para 26 mil personas: del Escudo al Monumento a la Mujer Mazatleca.

Gravísimo error, sobre todo porque, exactamente una semana antes, la noche del 24 de diciembre, se confirmó de manera oficial el primer caso de la variante ómicron de covid-19 en Sinaloa y se presentó justo allí, en Mazatlán.

Al llamado a la prudencia que emitió el secretario de Salud, Héctor Melesio Cuen Ojeda, sobre el riesgo mayúsculo de las congregaciones de personas en tan delicado momento, Benítez respondió fiel a su inveterado estilo, bravucón, prepotente y, por añadidura, irresponsable.

“Aquí el alcalde decide lo que se va a hacer”, declaró en voz en cuello al confirmar que el evento multitudinario “Bienvenido 2022” se realizaría sí o sí.

Más que una recepción al nuevo año, la concentración convocada por el Químico Benítez significó la entrada por la puerta grande de la cuarta ola de la pandemia en Sinaloa.

A partir de esa fecha, los contagios se elevaron de forma acelerada hasta llevarnos a la actual fase de la emergencia sanitaria.

Evidentemente, la salud del pueblo que gobierna es lo que menos le importa al alcalde Benítez; la del resto, menos, pues recordemos que invitó a la fiesta masiva al turismo. “Es gratis”, repetía este personaje que ya no solo como gobernante, sino como el profesional de la salud que es por su carrera universitaria, estaría obligado a la cautela, cuando la variante más contagiosa del covid-19 ya se encontraba en su municipio.

Igualmente obstinado se muestra el presidente municipal de Mazatlán en la realización del Carnaval Internacional a partir del 24 de febrero.

En el clímax de su proverbial megalomanía, faltó al respeto al gobernador Rubén Rocha Moya (y de paso a la Ley General de Salud, a la Constitución y a la soberanía misma del estado), cuando aseguró a los medios de comunicación que la decisión de suspender o no la festividad tumultuaria no correspondía a la esfera estatal, sino al Consejo Nacional de Salud que preside el presidente Andrés Manuel López Obrador, con quien presume una cercanía que vaya usted a saber si es real o es, como el engañoso brillo de las lentejuelas, fantasía.

LA SENSATEZ MARISMEÑA. “En alguien debe caber la prudencia”, reza la sabiduría popular y por fortuna, amigas y amigos, la mayoría de los mazatlecos son personas conscientes que no se dejan llevar por el canto de las sirenas (de las ambulancias, en este caso), de modo que la cifra de personas que asistió a la megafiesta de Olas Altas haya estado muy por debajo de las 26 mil convocadas por el alcalde.

Por desgracia, entre la asistencia abundaron visitantes de otros municipios, principalmente de Culiacán, que no advirtieron el despropósito de semejante congregación en un momento de tan altísimo riesgo.

Hoy todo el estado paga las consecuencias. De allí la oportunidad de la nota publicada el miércoles en EL DEBATE impreso, donde el Dr. Carlos Leonel Verdugo, director del Hospital General de Mazatlán, advierte que, de llevarse a cabo el carnaval, la recomendación sanitaria a la población es no asistir. Ojo: va para la población en general, no solo para los mazatlecos.

Como suele decir el maestro Cuen en sus publicaciones en redes sociales: “TúTienesElPoder de protegerte”.

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