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Luz amarilla que en cualquier momento cambia a roja

A MÍ NADIE ME PREGUNTÓ

El enemigo silencioso sigue creciendo. La violencia que no ha matado en los estadios mexicanos recientemente, no parece espantarnos hasta que a alguien le vaya la vida en un grito de aliento.

Ahí sonarán todas las alarmas, vendrán todas las opiniones y veremos un dispositivo reactivo voluminoso que durará unos cuantos meses. Los brotes de violencia son recurrentes, y sin caer en el amarillismo, es muy evidente comprobar cómo todos nos vamos acostumbrando y por consecuencia, impresionándonos menos. Y el recuento de los daños en lo económico no es tangible en el corto plazo.

No sé cuántas personas que tuvieron que vivir momentos de angustia en San Luis, volverán alguna vez a un estadio, sólo porque unos 50 enfermos decidieron tomar las tribunas como trinchera. Las imágenes nos dejaron ver a padres de familia despavoridos, saltar al terreno de juego protegiendo a sus hijos como si fueran balón de futbol americano. Esas conductas, son sin duda también, reflejo del humor social que vivimos.

La convivencia en un estadio no es ajena en sus formas a lo que se puede vivir en la calle. Y es una pena comprobar, a todas luces, que la participación de las fuerzas públicas para apagar el fuego, suele ser desorganizada, improvisada y con poca resonancia.

Es muy triste ver cómo los desquiciados "aficionados" pegan ganchos y rectos a diestra y siniestra, a policías o agentes de seguridad con sobrepeso, que muchas veces quedan a merced de cinco o 10 vándalos. No sobra volver a revisar la coordinación en los estadios entre la FMF y las autoridades locales. Hay que exagerar en revisar antes de entrar a los estadios, y aquellos que promovieron la instalación de "grupos de animación" que se volvieron auténticas mafias, deben desactivar de inmediato esos privilegios que se confunden con impunidad.

Ya tenemos suficiente fuera de los estadios como para que se vuelva una película de terror ir a ver futbol. No, no fue lo de Brasil, pero empezó a parecerse, según dejan evidencia las imágenes de la noche del martes.

Hay preguntas que responder: ¿Cuántos estadios no tienen suficientes cámaras? ¿Por qué no implementar un sistema de boletos personalizados? ¿Hay suficientes salidas de emergencia? ¿Están siempre abiertas? ¿Están de verdad con credencial todos aquellos que tienen mayor cercanía con los clubes?

Agregue sus ideas y envíe a la FMF. En materia de seguridad nada es un exceso en la prevención.