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Lydia

Hablar de Lydia Cacho es hablar de una mujer valiente y comprometida, cuya palabra mueve montañas de conciencia. Su discurso no nada más tiene el don de convencer a miles de mujeres que sufren violencia física, sino de impactar hasta la médula de los huesos a muchos de nuestros funcionarios siempre temerosos de ser exhibidos de todas sus redes de corrupción (allí están el caso del "góber precioso", Mario Marín; las 16 menciones de Emilio Gamboa, y las 27 de Miguel Ángel Yunes, publicadas en su libro Los demonios del Edén). Gracias a esta periodista de investigación sabemos de la realidad de la trata de niñas y niños en nuestro país. "Entrar en las catacumbas de la maldad humana nos exige trabajar constantemente en la compasión y la paz interior. Reportear estas realidades y su incremento precisa de frialdad para investigar hechos concretos, datos duros, cifras comparables. Escuchar a víctimas y a policías contar sus versiones, entrevistar a tratantes presos, entrar en bares en los que las criaturas trabajan bajo la mirada de las autoridades y los explotadores exige equilibrio emocional. Esa exigencia me llevó a preguntarme: ¿cómo mostrar esa oscuridad sin intentar revelar el lado de la luz, de la sanación? ¿Cómo no buscar respuestas humanistas a problemas humanos?", como dice el prólogo del libro preferido de la autora: Con mi [email protected] no.

Sin duda, Lydia Cacho no ha dejado de buscar respuestas, ni tampoco de denunciar los abusos que tienen que ver con los derechos humanos. Esto ha tenido un costo sumamente elevado, a tal grado de verse obligada a abandonar el país, tal como se lo sugiriera la procuradora general de la República, Marisela Morales. El viernes 10 de agosto de 2012 se publicó en nuestro periódico una carta abierta de miles de mujeres y centenas de asociaciones feministas: "Indignadas ante esta situación y en solidaridad con Lydia, quien ha demostrado sobradamente compromiso y congruencia con la defensa de los derechos humanos de niñas y mujeres, las organizaciones firmantes exigen al Estado mexicano".

No es que no le preocupen a Lydia estas amenazas contra su vida, sino que le preocupa aún más la corrupción y la impunidad de algunos políticos mexicanos. En septiembre de 2013, hizo una denuncia contra el "regordete" Roberto Borge, gobernador de Quintana Roo. En su texto periodístico habló de sus gastos excesivos, acusándolo de desfalcar al DIF y desviar recursos etiquetados para el Instituto Quintanarroense de la Mujer (IQM) y del Fonden, entre otras instancias, para la campaña del PRI. El "regordete" reaccionó de inmediato. En su cuenta de Twitter, escribió en mayúsculas: "En el ejercicio periodístico, el tener una pluma no te da derecho a la crítica: asquerosa, destructiva, de hígado, tendenciosa y soez".

Cuando Lydia Cacho recibió, el 9 de marzo de 2013, la insignia de Caballero de la Legión de Honor dijo que el galardón tenía un significado muy personal: "Una parte de mi corazón fue nutrido siempre por la fortaleza de mi madre, quien nació en Francia y vino a México, siempre fue muy mexicana, pero también francesa en sus convicciones por la libertad. Fue ella la que me enseñó a defender mis derechos y aceptó que era diferente, y esta noche quiero dedicarle no solamente a mi madre que ya no está con nosotros, sino a todas las mujeres que todos los días, en todos los rincones de este país, defienden y respetan la diversidad de la demás mujeres y niñas, y que les recuerdan que en los momentos más difíciles de su vida, siempre encontrarán a alguien que pueda abrazarlas", expresó.

El jueves pasado, Lydia Cacho, Marina Castañeda y yo estuvimos en Nuevo Laredo, invitadas por el Instituto de la Mujer (independiente y autónomo), dirigido por Ninfa Cantú. "Ser periodista y activista es demostrarle al mundo, al país y a la sociedad que lee los periódicos y que escucha la radio, que el periodismo que va a transformar al mundo es el periodismo que tiene una perspectiva de los derechos humanos", expresó la activista en pro de la equidad de género. "Somos un país profundamente homofóbico. Madres jóvenes, madres en edad adulta y abuelas siguen reproduciendo los modelos homófobos. Cómo me voy a asegurar que mi hijo sea bien machito y que tenga una pareja educada, virgencita santa, de ésas que se guardan hasta el matrimonio", señaló. Por último, hizo ante el público un ejercicio sumamente revelador: "Aquellas personas que conocen a alguien que fue abusada en la infancia, se pueden parar". Al cabo de dos minutos, Lydia logró que el 90% del auditorio se levantara con toda la honestidad del mundo.

Dicho lo anterior, no me queda más que ponerme, yo, de pie, ante Lydia Cacho.

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