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Macron, más dependiente que independiente

Ahora sí, Emmanuel Macron es el presidente de Francia, luego de tomar posesión en una solemne, lucidora e histórica ceremonia celebrada el domingo 14 de mayo, sólo una semana después de su triunfo electoral ante la ultraderechista Marine Le Pen.
El joven exministro de Economía del gobierno socialista de Hollande enfrentará, de entrada, grandes retos, como el que se avecina apenas en junio, cuando se renovará la Asamblea Nacional. Así que faltan sólo unos días para que sepamos qué decisión toman los ciudadanos franceses con respecto a su Poder Legislativo. De la conformación de la Asamblea dependerá el grado de dificultad que tendrán Macron y los suyos para ir introduciendo los cambios derivados de su proyecto político de acuerdo a los compromisos contraídos dentro de un ecuménico proyecto de nación.
Si bien el flamante presidente se asumió como un candidato independiente con su movimiento ¡En Marcha! creado apenas hace poco más de un año, y con esa bandera llegó a Palacio del Elíseo, como primer mandatario de la República Francesa ya no puede mantener tal independencia. Por una parte, porque si bien no compitió bajo la divisa de alguno de los partidos políticos tradicionales de Francia, nadie puede aún llegar al poder máximo de una nación sin apoyos abiertos o encubiertos. No olvidemos que Macron formaba parte del gabinete del presidente Francoise Hollande. 
Hago un paréntesis aquí justo para sostener que en realidad se trató de una estrategia sumamente inteligente, visionaria y de mediano plazo, a fin de evitar la llegada de la extrema derecha a la Presidencia de Francia, a la vez que conservar la estabilidad social, económica y política del país, con una fórmula institucional que superara de paso el rechazo ciudadano a los partidos políticos. Ignoro si sea cierto, pero se especula que hubo un plan al más alto y confidencial nivel para darle un cariz de independencia a la candidatura de Macron a fin de aglutinar en torno a él a los inconformes con el sistema político tradicional de partidos. Así, salió avante una posición de centro con vínculos de negociación hacia la izquierda y la derecha moderadas. En congruencia con eso, nombró a un gabinete plural y paritario. Es decir, en el gobierno francés hay ahora representantes de la izquierda y de la derecha, así como un equilibrio entre mujeres y hombres.
Con esa perspectiva, el nuevo presidente francés iniciará una gestión sui géneris porque siendo en apariencia independiente no lo es ni lo será del todo en la práctica de sus atribuciones.
Eso no resta ni un ápice la importancia del resultado electoral del 7 de mayo. Para empezar, porque se impidió que llegara a la Presidencia la conservadora radical Marine Le Pen y su proyecto racista, discriminatorio y de nacionalismo aislacionista. Asimismo, por la propuesta incluyente de Macron, que apuesta por el fortalecimiento de la Unión Europea, defiende el Estado de derecho, propugna la igualdad de género y promueve la protección del medio ambiente.
Por eso hemos expresado y reiteramos nuestra convicción de que ganó Francia, pero no solamente esa nación. Ganó el mundo con el triunfo electoral de un proyecto que se inscribe en el ámbito liberal y de apertura a la globalidad, además de que en Europa se fortalece ese contrapeso tan indispensable y vital frente al gobierno de Donald Trump en Estados Unidos y ante el retroceso que implica el voto por el brexit. 
En fin, se trata de un candidato independiente en apariencia que no puede desligarse de sus múltiples vínculos de dependencia hacia una élite político-económica que seguirá conduciendo los destinos de Francia.
En cualquier caso, demos la bienvenida a ese proyecto y a pesar de los comprensibles escepticismos concedámosle el beneficio de la duda. Estemos atentos al proceder del nuevo presidente francés, un hombre joven, de ideas, con sensibilidad social y voluntad de cambio.