Opinión

Madero, de risa loca

DIVAGACIONES DE LA MANZANA
Avatar del

Por: Martha Chapa

De nueva cuenta, los medios de comunicación aparecen en el discurso político como los villanos de la "mecánica nacional".

Ahora fue el dirigente del Partido Acción Nacional quien se lanzó, cual nuevo Quijote, contra los molinos de viento que ante sus ojos son unos gigantes amenazadores.

Si habláramos de películas, bien podríamos retomar aquellas viejas cintas mexicanas de luchadores para titular así los episodios relacionados con este tema en los últimos tiempos: "López Portillo contra la prensa", "López Obrador contra la televisión" y, ahora, "Gustavo Madero contra los medios", a los que se sumarán las acusaciones que surjan en los años por venir contra los comunicadores, que no hacen sino realizar su labor de investigar, recoger y difundir información.

De hecho, en el marco del Consejo Nacional de su partido, el líder panista tejió todo un rosario de acusaciones con estas palabras: "Enfrentamos a una prensa dispuesta a poner en primeras planas trascendidos de acusaciones sin denuncias, delitos sin testigos ni testimonios, cobardes difamaciones sin voz y sin rostro para alimentar esta política del espectáculo y de la trivialización". Los medios, consideró, "tratan de decir engaños con pedazos de verdad, construir una historia perversa". Y por ahí se siguió, lanzando diversos epítetos y descalificaciones sin ton ni son, como si asumiera el papel de un valiente cruzado contra los infieles periodistas y comunicadores.

Como si algo faltara para el hundimiento panista en la coyuntura actual, ahora sale su principal dirigente con estas visiones intolerantes y represivas. A la vista quedó, además del ridículo que hizo, su profundo autoritarismo y su desesperación por los pésimos resultados de su lamentable, fallida y sórdida gestión al frente del blanquiazul. Quedó en evidencia que Madero es incapaz de ver el desastre que ha generado él mismo y, mucho menos, de hacer una elemental autocrítica.

Ante estos hechos, no podemos sino decir que se trata de un personaje tragicómico, que por desgracia se suma a otros tantos políticos del pasado reciente que no aceptan la libertad de pensamiento y expresión. Parece que no puede reconocer que lo que requiere su partido es, justamente, la autocrítica para ponerlo a flote, así como prestar atención a la crítica de los medios, la opinión pública y la ciudadanía a fin de reencauzarlo de acuerdo con sus propios principios.

De tal magnitud es la ceguera, la torpeza y el cinismo de Gustavo Madero, que de inmediato surgieron voces discrepantes en su propio partido para desautorizarlo, como la sabia opinión del muy respetable Luis H. Álvarez, entre otros.

Por eso, de seguir con tan distorsionada percepción de la realidad, no sería raro que sobreviniera un mayor derrumbe panista.

Por supuesto que las declaraciones de Madero no quedan ahí, pues se contrastan con la preocupación seria y responsable de los militantes conscientes y la de muchos ciudadanos que le han brindado su voto abierto o condicionado.

En fin, que a la vista de tantos despropósitos, y volviendo al símil cinematográfico, habrá que decir: "no se pierda esta película", pues sabido es que el humor involuntario del protagonista provocará una carcajada generalizada.

www.marthachapa.net