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Opinión

Malahierva

SURREALISMO CRUDO
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Por: Javier Angulo

Lo llevaron a un sushi del centro. "Usted pida lo que quiera". Pidió un Guamuchilito. El Miky Zúñiga era un patrón exigente, pero se portaba bien con los empleados. Era dueño de tres locales de sushi como ese, los cuales no habrían sido tan exitosos sin la ayuda de sus "ejecutivos especiales", como él los llamaba. El Tinillo era uno de ellos. Por eso lo invitaron a comer. La cosa era que el Miky no hacía nada en vano, y eso era algo que el Tinillo no sabía cuando el mesero le preguntó qué iba a tomar. "Así está bien", contestó el patrón por él, y le acercó la botellita de salsa de soya. El Tinillo se le quedó viendo. "Tómale". Volteó de reojo hacia donde estaba el guarura. Ahí seguía, en la entrada del local, haciendo como que hablaba por teléfono. El Tinillo le dio un trago a la botellita. "Así me gusta", dijo el patrón. "Lo que quiero es que la gente ande al cien conmigo, aquí si yo me voy para arriba nos vamos todos juntos, pero hay que jalar bien". El morro comprendió que debía tomar salsa de soya si quería quedar bien con el Miky. El patrón hablaba de estrategias, opciones, cambios. Sonaba como si sus negocios fueran un partido de futbol americano. Además, resaltaba mucho la importancia de traer la camiseta bien puesta. "Cuente conmigo, ya sabe". En cuanto se acabó la primer botellita, el Miky tomó otra de la mesa de al lado y la puso frente al Tinillo. Esta vez le dio un trago abundante, como quien toma cerveza con la intención de emborracharse cuanto antes. Para la tercer botella, el morro ya no hacía ni gestos. Así se la llevó con dos botellas más, hasta que el Miky llamó al guarura. "Llévalo con el Chico Wong", fue la orden. En el camino, el Tinillo sufrió los retortijones más duros de su vida. Sentía que el estómago le iba a explotar, pero se aguantaba. Hasta le sacaba plática al guarura. "En la Colón tengo un compa que te puede arreglar el estéreo". El carro se detuvo afuera de las Chico Burgers, el Tinillo entró al local con cara de emergencia. Se fue directo al baño. Al terminar, dejó todo como si una bomba inmunda de chocolate pestilente hubiera estallado y salpicado de café hasta las paredes. Ese fue su primer trabajo.

Twitter: @eljavierangulo