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'Malinchismo' recurrente, costoso y ofensivo

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

En Sinaloa con frecuencia se opta por recurrir a intelectuales o académicos de otras latitudes en desprecio abierto a los de casa. Algunos de ellos son colocados en pedestales de la fama gracias a la magia de la mercadotecnia empleada para su promoción, aunque en ciertos casos carezcan de suficiente y auténtica base científica lo que postulan en sus artículos o estudios monográficos. Pero basta con que sean de fuera, "metropolizados" o extranjeros para que nos vengan a "enseñar" o "decretar" cuál es el camino que debemos tomar los "provincianos" en determinado tema o problema que nos atañe.

Algunos de esos académicos tienen los recursos económicos o el poder suficiente como para echar mano de otros en la confección de "sus" obras o artículos. Aunque hay que reconocerlo y dejarlo muy claro, por fortuna muchos sí son auténticos investigadores o intelectuales en su ramo.

Sin embargo, ello no justifica en modo alguno desdeñar a los de casa, ya sea de manera deliberada o por ignorancia.

Por fortuna aquí en Sinaloa existe una gran pléyade de académicos e intelectuales, sólo que no se les sabe o no se les quiere aprovechar como debieran, ya sea por miedo o inseguridad, o la combinación de ambas cosas.

Los vemos a diario en las instituciones de educación superior o en diferentes sitios. A muchos los conocemos personalmente. Hay de todas las edades y disciplinas. Dentro de ellos jóvenes muy preparados e inteligentes, que han sido objeto de premios nacionales e internacionales.

No obstante, a algunos se les hace muy grande la boca cuando pronuncian que traerán a determinados personajes para que nos "orienten" con sus "luces" sobre determinado tema, como si en nuestro solar sinaloense no hubiese gente sabia y capaz. Esto constituye una de las causas de la fuga de nuestros cerebros, porque no se tiene una visión profunda del daño o la lentitud que con ello se ocasiona al desarrollo local. Sólo se ve lo inmediato, y se observa además muy poca visibilidad y sensibilidad de los que tienen el poder de decisión. De ahí también tanta simulación, frivolidad y banalidad. Mientras, el pueblo está harto de tanta palabrería que no se refleja en su vida cotidiana.

Por donde revisemos encontramos enormes rezagos, profundos y complejos problemas. Muchísimos de ellos solubles, pero hace falta voluntad política para resolverlos. Aquí están los recursos humanos suficientes y preparados para ello. No se ocupa gastar tantos recursos económicos trayendo a otros para que nos digan cómo hacerlo, y menos en costosísimos despachos externos, algunos de ellos "patitos", para que nos diseñen o instrumenten determinadas políticas públicas, muchas veces mal confeccionadas y pobremente ejecutadas, en ocasiones por charlatanes, sin base verdaderamente científica y técnica. Si sólo se trata de hacer negocio, muy mal, más cuando es indebido o bajo complicidad, apartado de todo valor ético.

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