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…Mañana me irá mejor

EMPRESAS DE ÉXITO

Muy a menudo utilizamos la frase "…mañana me irá mejor". La intención de la misma no es mala, pero sí su uso indiscriminado o mal aplicado, ya que si realmente no se hace nada para que efectivamente nos vaya mejor, la verdad es que, con sólo mencionarla, no basta.

La situación crítica por la que atraviesa el país actualmente provoca el desánimo de cualquiera, sobre todo de aquellos mexicanos que no tienen los recursos económicos suficientes para vivir la vida que desean, y la vida que se desea va desde la más sencilla hasta la más acomodada, opulenta, acaudalada y poderosa.

De tal modo, que aunque se tenga un ingreso, el ser humano está diseñado para desear más, pero en el más puro sentido de superarse y desarrollarse para hacerse de una vida mejor, y al mismo tiempo colaborar en el desarrollo de quienes dependen de él y de quienes lo rodean. No olvidemos que el ser humano es una especie animal más de este planeta, y que como especie la naturaleza nos ha dotado de capacidades que debemos desarrollar a lo largo de nuestra vida para vivir bien en este mundo, donde la competencia y la lucha por la subsistencia son decretos dados, que tenemos que aceptar humildemente, pero practicarlos inteligentemente, puesto que a nuestra especie fue a la única que se le privilegió con el don del raciocinio, don que muy poco practicamos en nuestra vida diaria. Y así, los seres humanos queremos más y más. Entre más ganamos más queremos ganar. Entre más alto llegamos en el organigrama de una empresa, más alto queremos llegar. Entre más poder se tiene, más poder se desea poseer. Esta práctica de querer más y más, es natural al ser humano únicamente, por lo que cuando vemos truncado ese ascenso o disminuidos esos ingresos, es obvio que nos vamos a sentir mal, porque el sentirnos mal es la señal de alarma que nos indica que algo no anda bien y que es momento de analizar, corregir, solucionar, reinventar, actualizar, modernizar, renovar o innovar. Es precisamente en esos momentos cuando realmente ponemos a prueba nuestras capacidades y evaluamos qué tanto sabemos para salir adelante. Cuando no somos capaces de responder ante las vicisitudes de la vida, o ante la aparición de problemas propios o ajenos, dentro de nosotros se gesta una impotencia cruel y dolorosa, que si no somos capaces de controlar y dominar, puede ser la causante infalible de fracasos recurrentes, perjudicando prácticamente todo lo referente a estado de ánimo, autoestima y nuestras relaciones con los demás.Cuando la frustración y la impotencia contaminan nuestro espíritu, veremos la vida gris y con un pesimismo aniquilador, lo que facilita hacernos críticas destructivas e injustificadas a todo lo que sucede a nuestro alrededor, fomentando destrucción y autodestrucción, hasta sentir que no servimos para nada, y que la vida ya no tiene sentido.Por tal motivo, es imperante el estudio, la capacitación y la preparación constante. Cuando siente que ya no tiene ideas o soluciones para salir airoso de un problema o conflicto, es señal de que necesita actualización en la materia, o un descanso motivacional o espiritual. Los seres humanos estamos constituidos por un sistema nervioso que necesita mantenimiento constante, que bien lo da el descanso y el sueño, pero también la relajación inducida.