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Mandarinato legislativo

Porfirio Muñoz Ledo llamó "mandarinato" al sistema de apropiación de la vida parlamentaria a manos de un grupo de legisladores que manejan a placer el procesamiento de las iniciativas, los dictámenes y las formas de discusión de las leyes.

En efecto, nunca como ahora la figura de aquellos burócratas de la China imperial, es emulada por los coordinadores parlamentarios en ambas cámaras del Congreso, con una diferencia esencial: nuestros mandarines tienen su principal instrumento de operación en el dinero, no los conocimientos que los hacen selectos.

El mandarinato mexicano tiene su modus operandi en las canonjías que dispensa a los legisladores bien portados, los bonos por asistencia, las compensaciones, los préstamos, el mes trece, catorce o quince como parte del aguinaldo. El hecho de que los coordinadores parlamentarios en el Senado operen bajo absoluta secrecía miles de millones de pesos, los hace campeones de la operación política-legislativa; si fuera a partir de argumentos o discusión de conceptos, serían un fracaso. Con la excepción que representa Manuel Bartlett, tanto en el pleno como en la Junta de Coordinación Política, los coordinadores parlamentarios están desprovistos de proyectos reformadores.

Sólo bajo esta dinámica se entiende que ambas cámaras —especialmente el Senado—, se permitan el trato indigno a que los someten los coordinadores parlamentarios y unos cuantos legisladores más, conocidos como "la burbuja". Tiempos y formas planteadas para que no se conozcan los contenidos de los proyectos legislativos, proscritas las discusiones especializadas en comisiones, sofocada la posibilidad de contrapunto que produce el real debate en el pleno, jornadas extenuantes, sesiones sin espacio para el estudio o la preparación, votaciones de madrugada. El objetivo: que haya poca posibilidad de identificar las trampas, las regresiones, que los legisladores no se enteren en ese momento, porque el saber compromete.

El procesamiento en el Senado de las leyes secundarias en Telecom y Energía, es muestra de este deterioro, en evolución hacia lo peor de cualquier época. Como nunca se han atropellado las reglas de la ley orgánica del Congreso y del reglamento. En la reforma energética las comisiones acordaron un método de discusión ilegal. La práctica parlamentaria ha sido la de votar los proyectos de dictamen primero en lo general y después discutir en lo particular las reservas que hayan hecho los legisladores.

Las comisiones, en lo general, son los órganos especializados del Senado en las que sus análisis y puntos de vista enriquecen las propuestas a dictaminar. Derivado de esta circunstancia el debate en las comisiones es más intenso que en el Pleno ya que la discusión se da a partir de elementos técnicos y el intento de acercar una posición que sea aceptada por la mayoría. En la legislación de Telecom se llegó al extremo de acordar eliminar toda discusión de reservas, ni siquiera en paquete. Simplemente se enlistaron los artículos reservados y se enviaron directamente al pleno.

La normatividad del Senado en distintos momentos, establece que es la Ley y el Reglamento los que norman su actuar y lo no previsto por estas disposiciones se resolverá por Acuerdos Parlamentarios. Dichos acuerdos jerárquicamente son menores a la Ley y al Reglamento y tienen un carácter temporal.

El procedimiento legislativo tanto en sesiones del Pleno, como en sesiones de comisiones, es fundamental respetarlo, ya que el Senado es un órgano compuesto por iguales, donde mayorías deben respetar a minorías. Pretender obviar la discusión de artículos reservados, o suprimir la discusión de estos, es ilegal y contrario a la práctica parlamentaria.

Ni la discusión de la legislación en Telecom, ni la reforma energética, exigían aminorar el tiempo de deliberación. Al contrario, la naturaleza de éstas obligaba a debates amplios y profundos, dadas las repercusiones socioeconómicas que tendrán. Ya irán saliendo poco a poco, los asaltos de la nocturnidad legislativa.

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