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Manual para usar la sombrilla

A DOS DE TRES

Si conducir en las calles de Culiacán es estar atenido a la ley del más fuerte, ese escenario tiene su réplica a escala en las banquetas y, así como en las calles el superior es quien conduce el vehículo más grande o más veloz, en las banquetas el superior es el que lleva sombrilla, ese artefacto tan útil para mitigar los rayos solares, como estorboso a la hora de transitar.

Algo se nos perdió en algún momento que de pronto empezamos a confundir osadía con patanería y la llevamos a algo tan sencillo y natural como caminar por una acera. Por más ancha que nos hagan la banqueta nos ingeniaremos para ir estorbando a los demás e ir repartiendo golpes en brazos y hombros. Si seguimos así no esta lejos el día en que a las banquetas les tengan que pintar raya en medio para hacer carriles.

A ello sume los que vamos con una sombrilla, convirtiéndonos en una amenaza para el prójimo. "Porque quieren", dicen los del Departamento de Vida y Estilo de A dos de tres y añaden: "así como hay un reglamento de tránsito para quienes conducen vehículos, así también hay reglas para utilizar una sombrilla".

Amantes de ser el centro de atención, continúan –sin dejar de ver de reojo el televisor en espera del juego de futbol de México contra Brasil- "la sombrilla es de origen chino, la historia dice que la joven Lei Su la inventó uniendo varas de bambú cubiertas por una tela de seda. Al tiempo, la sombrilla llegó a Europa y en el año 1823 se convirtió en paraguas, luego de que el químico Charles Macintosh desarrolló una tela impermeable. De seda, papel o encaje, las sombrillas han sido símbolo de poder y de estatus social o económico. Como dato curioso observa que el escudo de armas del Vaticano, en el lapso entre un Papa y otro, tiene una sombrilla (el umbracullum)".

Como el juego está cada vez más cerca, los de Vida y Estilo apuran: "si vas por la calle con una sombrilla debes levantarla al toparte con otra persona. Si la otra persona trae también sombrilla la persona más alta la levanta y la otra la baja para que logren pasar ambos. Si los dos son casi de la misma altura las sombrillas se ladean, y acotan, estamos hablando de una sombrilla de tamaño regular no de las que les falta nada para ser de jardín o de playa. Cuando no se utilice la sombrilla se guarda en la bolsa o se lleva como si se tratara de un bastón. En caso de lluvia, al llegar a un lugar el paraguas se deja afuera para no ir dejando la marca de agua. Muy importante: las sombrillas no se usan en lugares cerrados, no hay razón; además, las abuelas decían que es de mala suerte. Por cierto, la diferencia entre sombrilla y paraguas no es sólo que una protege del sol y el otro de la lluvia, sino que hoy en día las telas de las sombrillas son tratadas químicamente para que tengan factor de protección solar, mientras que los paraguas son de plástico o de telas impermeables. Y te dejo porque ya va a empezar el juego". Y se fueron a apostar ante el televisor. (Permítame expresar mi solidaridad al doctor Fernando Armienta Quiñónez por el sensible fallecimiento de su señor padre el doctor Fernando Armienta Calderón a quien siempre recordaré con agradecimiento, pues de no haber sido por su atinada intervención quien sabe si yo estuviera hoy aquí).

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en [email protected] En Twitter en @MarisaPineda. Anímese a leer un libro y mientras, que tenga una semana en que no falte quien le proteja.