Opinión

Ferrocarril Occidental

HOY EN LA HISTORIA

Por  Marco Antonio Berrelleza

Uno de los sueños de los sinaloenses era la continuación de la línea del Ferrocarril Occidental de México hasta la ciudad de Topia, en el estado de Durango. Incluso el compromiso se había establecido en la concesión que el gobernador Mariano Martínez de Castro había firmado con las autoridades federales en la capital mexicana en la década de los 80 del siglo XIX.

Sin embargo, el anhelo se trunca al conocer el estudio que la compañía hizo para ver la costeabilidad del proyecto. El 24 de mayo de 1904 la compañía informó al gobernador Cañedo que había determinado abandonar el proyecto de la línea ferroviaria y la construcción de una hacienda metalúrgica en la ciudad de Culiacán. Sin embargo, no quitando el dedo del renglón, la compañía estadounidense se dirige a la Cámara de Comercio de Mazatlán, solicitando su apoyo para construir un ferrocarril que, partiendo de ese lugar y pasando por Cosalá, llegara a Culiacán, como parte de una vía férrea entre Guaymas y Guadalajara.

En julio, la compañía solicitó al Ayuntamiento de Culiacán que le autorizara dos lotes propiedad de la comuna municipal, ubicados, uno en la colonia Hidalgo y otro frente al panteón nuevo para iniciar los trabajos de construcción del ferrocarril hacia la capital sinaloense. Además, solicitó que le permitiera ocupar en su extremo sur la avenida Redo y la calle Jorge Granados.