Opinión

Intereses

EDUCACIÓN, HOY

Por  Marcos Miranda Gil

Al valor o utilidad que se da a una cosa se le llama interés. Por lo general, a esta palabra se le identifica más en el campo económico y se engloba dentro del terreno de las utilidades o ganancias, y es muy sano estar atento a ello. Existen, en cambio, otro tipo de intereses iguales o más importantes que los metálicos, y son los de orden social, afectivo o humanos, en lo general, de los que poco se habla pero que repercuten directamente en la calidad de vida de todos nosotros. Aquí se inscriben los educativos, los éticos y, en general, los formativos para niños, adolescentes y jóvenes.

Hablar de esto en la etapa escolar casi siempre es aburrido para esta población, sin embargo, esto es lo que, a la larga, ellos transmitirán a los suyos cuando les llegue el momento de cumplir con sus obligaciones adultas. Es paradójico y hasta contradictorio comprender que los que más se oponían a practicar asuntos relacionados con la necesidad de cumplir compromisos, seguir instrucciones o atender llamados, son los que más los reclaman con los suyos porque los intereses son así, volubles, dinámicos, progresivos y ajustables a las circunstancias concretas.

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En el mundo de hoy, donde se escucha más por imágenes que por palabras o sonidos, lo rápido le está ganando terreno a lo equilibrado, pero está produciendo una generación de artículos desechables que pronto nos regresará a la revisión del concepto de calidad, porque, por obvias razones, no siempre el vértigo es sinónimo de eficiencia. El interés por lo mejor siempre ha dejado atrás a lo llamado bueno. Todo lo vivido así lo demuestra. 

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