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Marcos como Scherezada

INDICADOR POLÍTICO

Luego de varias horas de haber sorprendido con su poco sorprendente discurso de retiro, es el día en que nadie parece entender el sentido de la despedida del subcomandante Marcos. Bueno, es el estilo de la casa: después de los diez días iniciales del alzamiento en 1994, Marcos y el EZLN han ocupado el tiempo en ganar tiempo.

Lo único claro que queda es la certeza de que el zapatismo guerrillero en nada ayudó al país y sí se convirtió en un desvío de la lucha por la democratización del sistema político priista.

Que si se retira o si se queda o si estaba jugando, el caso es que el tema central no debe ser Marcos sino los tres temas fundamentales que han dejado veinte años de presencia política:

--Papel de la izquierda. Marcos y sus caprichos encontraron a un caudillismo perredista distante y nunca hubo siquiera diálogo político. A pesar de la presencia del EZLN, el indigenismo como propuesta sistémica y los comunicados de Marcos y su Sancho Durito, el país dio la alternancia al PAN y regresó al PRI, sin que la izquierda hubiera tenido influencia en el rumbo.

--Vía armada. Diez días duró el alzamiento armado. Y aunque el país recibió al EZLN como una bocanada de oxígeno, nunca aprobó la vía armada y obligó a Marcos a guardar las armas. No debe olvidarse que el EZLN nació como guerrilla típicamente castrista-socialista y terminó como indigenista. La sola aparición del EZLN fue una evidencia del fracaso del Partido Comunista Mexicano en la legalidad política.

--Democratización. De 1994 al 2000, el país sólo experimentó una expresión democratizadora: la reforma electoral de 1996 que le quitó la organización de las elecciones al gobierno federal y garantizó el respeto al voto. Pero la organización del sistema político priísta ha sido la misma, sin variaciones; por ello la alternancia al PAN fue elitista y por eso el PRI regresó en el 2012. La democratización de las instituciones careció de una correlativa democratización política de partidos y sociedad.

El saldo negativo de Marcos y el EZLN está a la vista:

--Regresionismo histórico. Fracasada su propuesta socialista cubana, Marcos y el EZLN se montaron sobre la agenda indígena; y ahí abrieron el debate sobre los rezagos y pendientes nacionales, lograron algunos avances cuantitativos y hasta consiguieron espacios territoriales para gobiernos comunitarios en Chiapas, sólo en Chiapas. Pero la agenda indígena ha estado lejos de ser la agenda de democratización del régimen.

--Reorganización sistémica. La formación ideológica castrista de Marcos fue incapaz de razonar la crisis sistémica y menos de presentar una agenda de democratización. La Convención Nacional Democrática de agosto de 1994 fue un aquelarre literario anarquista como torre de Babel. Marcos nunca tuvo la intención de construir un proceso de transición-instauración democrática sino sólo buscó mantener puro liderazgo mediático y elitista; anduvo, como el caballero de la triste figura, buscando entuertos para no desfacerlos sino para capitalizarlos.

A lo largo de 20 años, desde su derrota militar en el mercado de Ocosingo el 2 de enero de 1994, Marcos ha estado como Scherezada: contando cuentos cada noche para impedir su desaparición. Y en una sociedad carente de liderazgos, Marcos fue sólo un símbolo: el héroe existencial al estilo Mailer en donde la existencia precede a la esencia.

Sólo Marcos ha entendido lo que Marcos quiso decir al regresar de su retiro para anunciar su retiro, como lo revelan las dudas sus seguidores en estos días. Lo único cierto es que Marcos se retira de un ambiente político de lucha por la instauración democrática en donde el EZLN y Durito hace tiempo que dejaron de importar.

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