Opinión

Margarita, la mujer violentada a la que nadie defendió

Por: Luis Enrique Ramírez

Margarita Zavala. Foto AFP

Margarita Zavala. Foto AFP

Entre los candidatos a la Presidencia de la República no existe ninguno que haya debido soportar tal carga de violencia política como la que recibe, a niveles de saña, Margarita Zavala.

Hoy, aquellos que la atacaron y la ningunearon se disputan, en el colmo de la codicia, el capital político de la única mujer en la historia de México que ha sido candidata presidencial independiente (de partido han habido cinco, desde doña Rosario Ibarra de Piedra en 1982 por el desaparecido Partido Revolucionario de Trabajadores).

Porque el 4 por ciento de simpatías que le atribuyen los especialistas a Zavala es un capital significativo hoy, en que las elecciones suelen ganarse por un punto, hasta por medio punto. Un ejemplo es Felipe Calderón, que en 2006 le ganó la Presidencia a Andrés Manuel López Obrador por una diferencia de 0.1 por ciento de la votación.

Los pecados del esposo, del hermano, de la cuñada, de la prima y hasta de los amigos fueron echados encima de Margarita, como leña para encenderle fuego. Una barbarie política que la señora soportó con estoicismo, aunada a la lucha interna que tuvo que librar dentro del partido al que perteneció toda su vida, pues proviene de una familia de fuerte arraigo panista.

Renunciar a su militancia debió significar para ella una especie de amputación, como perder parte de su esencia como persona y, desde luego, como política. Zavala tiene su propia historia política forjada mucho antes de su matrimonio, y hoy son escasos los panistas «químicamente puros», como ella, fieles a los principios y los valores que marca el ideario de Acción Nacional.

La embestida que recibe desde que comenzó a perfilarse para la candidatura presidencial configura un innegable caso de violencia política de género.

Sin embargo, ni siquiera las mujeres organizadas en pro de las luchas de género salieron jamás a defenderla. Su ideología conservadora, tal vez, no la hizo merecedora de que las feministas rompieran ni una lanza por ella. ¿Ser católica y no estar de acuerdo con el aborto ni con el matrimonio igualitario le quita, acaso, su condición de mujer? Frente a los ojos de todo México ha estado, desde hace por lo menos un par de años, una mujer que recibe de manera cotidiana, públicamente, agresiones de la más diversa índole. Y allí, con toda la vulnerabilidad intrínseca de su género, la hemos dejado sola.

Hoy que la ven como botín político, salen a cubrirla de flores desde aquel que la quiso aniquilar políticamente, Ricardo Anaya, hasta el principal cómplice de este, el presidente del PAN, Damián Zepeda, para invitarla a sumarse a su proyecto. El oportunismo suele carecer del mínimo decoro.

También el presidente del PRI, René Juárez, la invitó a sumarse no tanto al proyecto del partido, sino a la candidatura de José Antonio Meade, amigo de Margarita y hombre sin filiación política. Meade solo emitió un tuit solidario y de reconocimiento a su amiga en este difícil momento:

«Mi mayor respeto y admiración a @Mzavalagc, mujer honesta, inteligente y congruente. Siempre contará con mi amistad y reconocimiento. Nuestra democracia se fortalece con su participación y valentía». Recordemos que en el debate de candidatos, Meade reconoció a Zavala como la única figura honesta entre sus contrincantes.

AMLO anunció para hoy una conferencia en aras de dar una opinión informada. En tanto, escuchamos a su vocera, Tatiana Clouthier, reconocer a Margarita auténticamente conmovida. En buena parte, su historia se parece a la de ella, quien también salió del PAN por la infame guerra interna de Manuel Espino. Padeció, igualmente, las dificultades de ser candidata independiente en Nuevo León. No la invitó a sumarse a Andrés Manuel, sino a continuar en la lucha por lograr «piso parejo» para los candidatos sin partido, que Tatiana enarbola desde hace años.

Por primera vez, ayer no fue AMLO, sino Margarita Zavala, quien marcó la agenda política del país. Por algo será.

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