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Marginación aberrante

GUASAVE

Para los grupos indígenas la injusticia, la marginación y la falta de oportunidades es una dura realidad que no se ha modificado en siglos con todo y la aprobación de leyes.

Es el caso de mayos, rarámuris y tarahumaras que viven en la región y en los límites del municipio de Sinaloa y de Chihuahua, donde está presente la pobreza extrema de las familias y el abandono de las comunidades.

Sin empleos, sin tierras y carentes de toda posibilidad para sobrevivir, la situación de las etnias atenta contra los derechos humanos pues en pleno siglo 21 es lastimoso se les ignore y sirvan sólo para los intereses políticos.

Y es que no sólo se trata del aspecto económico, está también la discriminación que sufren en lo social, las dificultades que tienen para acceder a una educación de calidad y las nulas opciones de crecimiento.

No se puede hablar de que faltan leyes, pues tanto en la legislación estatal como federal abundan mandatos que obligan al gobierno a garantizar el desarrollo de los pueblos indígenas, pero se quedan en buenas intenciones.

A nivel municipal se integraron direcciones de asuntos indígenas, que en su mayoría manejan políticos totalmente ajenos a las necesidades de estos grupos, por lo que no llegan los recursos ni los programas adecuados.

Eso sí, como ocurre desde hace siglos, los indígenas son carne de cañón para que unos cuantos funcionarios y líderes traten de llevar agua a su molino, cuando se trata de una obligación en la que son omisos.

Ayer un grupo de representantes indígenas de Sinaloa de nueva cuenta clamaron la ayuda del gobierno. Son demandas justas, que requieren replantear las acciones, pero sobre todo el presupuesto que los tres niveles de gobierno deben aplicar por justicia elemental para quienes siempre han sido ignorados.