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Marina, baluarte de confianza

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

Décadas de complicidad, omisiones, deficiencias, ineficacia, cuando no de plano corrupción en las instituciones responsables de preservar el orden, la tranquilidad y el patrimonio de la sociedad, ha hecho que las corporaciones policiacas carezcan del más mínimo grado de confianza por parte de la ciudadanía en lo general.

Una encuesta realizada por esta casa editorial arroja que la mayor parte de los cuerpos de seguridad de los tres niveles de gobierno, de cara a los sinaloenses tienen una pésima imagen, poniendo en la picota la honestidad que deberían reflejar, e ingrediente sustancial de la tarea que les ha sido encomendada.

Curiosamente, la población en lo general, sobre todo en los últimos años, guarda un concepto de credibilidad para los elementos de la Secretaría de Marina que han salido de los cuarteles para convertirse en el símbolo más confiable en el combate a las organizaciones criminales.

Ese concepto vendría a fortalecerse luego de que fueron los artífices de por lo menos dos capos sinaloenses del narcotráfico de México, uno muerto a manos de ellos y el otro capturado recientemente en el puerto de Mazatlán.

Incluso los índices de confianza que la gente tiene en la Marina Armada de México, rebasan con mucho al propio Ejército Mexicano que, hasta hace poco, era al cual consideraban -de las instituciones de protección a la seguridad nacional- más confiable.

En tanto la Marina Armada de México y el Ejército concentran los mayores grados de confianza por parte de los sinaloenses, en una medida similar pero a la inversa, el resto de los cuerpos de policía, empezando por la Federal, incluyendo a las estatales hasta llegar a la municipal, son a los que menos les confiarían la seguridad.

Por supuesto, esa percepción que de las instituciones policiacas abrigan los sinaloenses no son de ningún modo gratuitas, pues sobradas muestras han enseñado en los últimos sexenios de que gran parte de sus elementos se involucran, ya por omisión o complicidad, con aquellos a los que deberían tratar como los enemigos naturales.