Opinión

Buenas acciones

A DOS DE TRES

Por  Marisa Pineda

Por allá en febrero de este año, cuando nos avisaban que nos quedaríamos en casa para tratar de frenar los contagios por COVID-19, circuló un chiste, un “meme”, que decía que seríamos como figuras del nacimiento “nos guardan en febrero y nos sacan en diciembre”. A como están las cosas al parecer ni en diciembre, y mucho de ello dependerá de cómo nos comportemos en dos fechas que son muy significativas en la cultura y la sociedad mexicana: el Día de Muertos y el Día de la Virgen de Guadalupe. Cuando recién nos pidieron solo salir a lo esencial, no faltaron quienes advertían que el confinamiento estaba sirviendo de reflexión (todos estamos hechos de luces y de sombras). En ese momento se escribieron muchísimos artículos al respecto; por una parte, aquellos que decían que pasada la cuarentena la sociedad cambiaría positivamente, que seríamos más comprensivos y solidarios con el prójimo, todo bien bonito. Por otro lado, estaban quienes decían que no, que pasado el impacto inicial seríamos los mismitos de antes del confinamiento y nos comportaríamos igual. Con el tiempo el marcador va dando la razón a estos últimos.

Ante la cercanía del Día de Muertos en la capital sinaloense, como en muchas otras partes del país, se advierte que se cerrarán los panteones, las iglesias que tienen columbarios han advertido lo mismo. Este año han advertido que habremos de retornar a la tradición de poner en casa altares en honor de familiares y amigos que están en la vida eterna y, al menos en teoría, abandonar la práctica de convertir los camposantos en lugares para picnic, o en escenario para que al calor de los tragos el pariente con buena voz (o que él cree que tiene buena voz) cante sobre su tumba las piezas que le gustaban al finado. En teoría, insistimos, todo está controlado para evitar “bolones” que se conviertan en focos de contagio del COVID-19, no falta mucho para darnos cuenta si la iniciativa funcionó. Y de antemano para los templos guadalupanos se diseñan estrategias en ese mismo sentido: evitar aglomeraciones.

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Cualquier medida en ese sentido no afecta que usted quiera vestir a sus niñas o niños de “inditos” (no me mire feo, no es peyorativo ni discriminatorio) ya sea para dar gracias por favores concedidos o por mera tradición familiar. Este año, que ha marcado un antes y un después en la forma de relacionarnos, ha llevado a tenernos que adaptar, como parte del instinto natural de sobrevivencia; sin embargo, por más que nos indiquen o prohiban tal o cual cosa la historia nos demuestra que así como somos solidarios con algunas causas, también somos especialistas en “saltar las trancas” y hacer lo que nos de nuestra real y soberana gana. Así que, de uno dependerá hacer caso, ponerse el cubrebocas, no ser parte de aglomeraciones, porque si bien “al que le toca, le toca” no por eso cruzamos las calles sin voltear a ver si viene carro. Gracias por leer estas lineas. Comentarios y etcétera, por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter en @MarisaPineda. Que tenga una semana de buenas acciones.

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