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Opinión

En estado de alerta

A DOS DE TRES

Por Marisa Pineda

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Al momento de redactar estas líneas, la entrada del huracán Pamela a territorio sinaloense era inminente. En este punto lo que quedaba era prepararse, mantener informada a la población y esperar que aquello que dice “los huracanes no tienen palabra de honor” pudiera cumplirse y Pamela agarrara para otro lado, se disipara o al menos redujera su categoría para que el impacto, y los daños, no fueran tan severos.

Cuenta la historia que fue a fines del siglo 19, cuando el meteorólogo australiano Clement Wragge le puso nombre propio a un huracán, siendo este un nombre de mujer. Hasta antes de ese momento a los huracanes se les ponía el nombre del día del Santo en que se formaban. La práctica de utilizar nombres de mujeres la siguió la oficina del tiempo en Estados Unidos, en 1953, y se mantuvo hasta 1978 cuando la Organización Metereológica Mundial acordó emplear de forma alternada nombres de mujer y de hombre.

Como mera coincidencia, quienes estudian los huracanes mencionan que los fenómenos más letales han tenido nombre de mujer. Al margen de esa coincidencia, cuando un huracán fue muy destructivo, en daños y pérdida de vidas humanas, ese nombre se retira y no se vuelve a utilizar por lo menos en los siguientes diez años; esto, con el propósito de evitar las confusiones al momento de cobrar seguros o en trámites legales derivados de los daños que provocó el huracán.

En Sinaloa las alertas por huracanes y tormentas tropicales no nos son ajenas. Conocemos los protocolos preventivos y, afortunadamente, cada vez nos alejamos de la práctica de esperar a que empiece el viento o las lluvias sean fuertes para pegar carrera a las compras de pánico desde el clásico atún en lata hasta la cinta adhesiva para asegurar los cristales.

¿Y luego de que el huracán golpea? Es entonces cuando la solidaridad se hace presente y de eso en Sinaloa también tenemos una larga tradición. La historia da cuenta de cómo, desde la sociedad, nos sabemos organizar para ayudar a quienes resultan afectados. La experiencia nos ha enseñado a activar centros de acopio, clasificar apoyos, elaborar rutas para llevar la ayuda a las personas damnificadas. Toda una labor logística que se activa a velocidad impresionante, gracias a la gran cantidad de voluntarios y voluntarias y a la experiencia que nos ha dejado el azote de estos fenómenos.

Hoy, nos queda mantenernos al tanto de los avisos, de hacer caso a las indicaciones que nos den, porque el que a uno no le haya ido mal no significa que no hay personas que resultaron afectadas. Hoy nos queda informarnos sobre cómo podemos ayudar a quienes hayan sido damnificados, tal como lo hemos hecho en otros momentos en que Sinaloa ha sido ejemplo de solidaridad.

Gracias por leer estas líneas. Comentarios y etcétera, por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter en @MarisaPineda. Que tenga una semana con la oportunidad de ayudar. Desde el centro de operaciones de A2D3 deseamos que se encuentre bien, al igual que su familia y su patrimonio. 

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