Opinión

Entre vendedores y ladridos

A DOS DE TRES

Por  Marisa Pineda

A estas alturas del partido ya nos quedó claro que el coronavirus llegó para quedarse, sumado a toda esa gran cantidad de bichos invisibles a simple vista que son harto nocivos para la salud. A estas alturas, también, ya pasamos la prueba del ácido en eso de manejar videollamadas, que nos han dejado aleccionadoras experiencias. Si a usted no le ha tocado lidiar con eso, le platico.

Para empezar hay que destacar que hacer una videollamada, videoconferencia, videoreunión y todo aquello que signifique conectarse cara a cara, es un ejercicio de hospitalidad y confianza. Es abrir la puerta de par en par al hogar.

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Y como es abrir la puerta al hogar, ahí anda uno buscando la parte que se vea más arregladita. Luego viene el arreglo personal, se pone su blusa o camisa bien línea, se maquilla y ¡afortunadamente! la cámara se coloca de forma tal que no se vea el pantalón de la pijama o el short y las chanclas más cómodas que tiene. Ya está todo listo, la conexión sin contratiempos, usted bien concentrado en lo que comparte y de pronto “Los taaamaalees caalieentiitooos, bien sabrosos que vienen los taamaaalees” y allá va el esmero y dedicación, gracias a la participación del tamalero.

Pero el tamalero no llega solo, llega patrocinando un coro de ladridos que se prolonga hasta que deja de escucharse y los perros de las siguientes cuadras toman el relevo. Una vez pasado el incidente del tamalero y los ladridos, retoma el hilo del tema cuando de repente “¡Agua!”, el vendedor de agua purificada con la canción de la marca y ¡Por supuesto! otra vez los ladridos. Una vez que prosigue con su ruta y uno el tema, llega ¿Por qué no? el vendedor de la competencia y ¡Adivinó!: más ladridos.

Entre vendedores y ladridos ya se le fueron unos diez minutos y resulta que la aplicación que utiliza para la videoconferencia solo le da 40 minutos, porque usa la versión gratuita. Se apresura y en un nuevo ejercicio de concentración se aplica y logra retomar el tema. ¡Uf! ¡Por fin! todo fluye cual debe, cuando de pronto los perros empiezan a ladrar y cada vez más claro se escucha una canción de cuna, es el nevero que va pasando.

A estas alturas del partido uno se pregunta ¿Quién más falta de hacerse presente? Y de paso reniega porque el nevero tiene la cualidad de ofrecer su producto sin ganas de vender. Muy en ello utiliza una canción de cuna como fondo para anunciar sus nieves, pero pasa a velocidad de Payaso de rodeo, si desde siempre no lo alcanza uno, imagínese ahora que tiene uno que agarrar el cubrebocas y el gel antibacterial.

La nueva normalidad ha traído consigo una nueva forma de vida, entre más tardemos en adaptarnos a ella, más vamos a batallar para incorporarnos a esta nueva realidad, en la que la vida a distancia es esencial.

Muchas gracias por leer estas líneas. Comentarios y etcétera por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter en @MarisaPineda Que tenga una semana fresca como una nieve del sabor que más le guste.

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