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Opinión

Agua tibia

A DOS DE TRES

Por Marisa Pineda

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audima

En esta parte del país, famosa por su verano infernal que se extiende a más de la mitad del año, tener mañanas en que el termómetro marque nueve grados hace que acciones cotidianas como entrar a la regadera, girar la llave y bañarse con agua caliente se conviertan en algo apreciado. En momentos así se puede presumir haber descubierto el agua tibia.

En el centro de operaciones de A2D3 nos quedamos sorprendidos al escuchar a los del Departamento de Vida y Estilo platicar entre ellos acerca del agua tibia. La sorpresa fue porque eran de quienes menos esperábamos escuchar tales episodios.

¿Te acuerdas cuando de niños, en tiempo de frío, nos hacían bañarnos con agua dizque tibia? “Sí, en casa ponían una cubeta a calentar al sol y a eso del mediodía nos obligaban a bañarnos jurando que estaba tibia ¡Y nada! En cuanto caía al cuerpo empezaba a temblar. ¿Tibia? ¡En su imaginación! Y para colmo más le valía a uno bañarse bien, porque al salir del baño nos revisaban y si consideraban que no nos habíamos bañado bien nos regresaban, aunque estuviéramos temblando de frío”.

“A nosotros nos pasaban la mano por la cabeza y si se daban cuenta que apenas la habíamos mojado nos regresaban ordenando ‘lávate bien el pelo’ o nos revisaban el cuello para que no lleváramos mugre. Y ahí estábamos tiritando, morados, pero limpitos. Afortunadamente en casa luego pusieron bóiler y descubrimos la verdadera agua tibia”.

Así como en verano le agradecemos a Willis Carrier por haber inventado el aire acondicionado, así en invierno le agradecemos al ingeniero noruego Edwin Rudd haber inventado el bóiler (como solemos llamar en Sinaloa al calentador de agua).

Cuenta la historia que por allá en 1889, Rudd inventó el calentador de agua basándose en los experimentos de Benjamin Maughan, quien había armado una serie de tubos que pasaban por una chimenea a leña hasta llegar al baño. Ese fue el antecedente que Rudd tuvo como punto de partida, él conectó aquellas tuberías a un tanque al que le añadió un dispositivo que permitía controlar la temperatura del agua almacenada (a diferencia del invento inicial en el que no se podía regular la temperatura y el agua podía caerle o hirviendo o casi fría), patentó el invento y lo sacó al mercado, con éxito.

Los primeros calentadores de agua fueron con leña, luego con gas y ahora con energías alternas, y dentro de estas últimas, la más común la energía solar. Y así como Rudd llevó el experimento de Maugham al siguiente nivel, así los calentadores de agua a base de energía solar llevan la práctica de calentar una cubeta al sol al siguiente nivel, al captar la energía a través de celdas que transmiten el calor al tanque almacenador del agua, dejándola lista para dar vuelta a la llave de la regadera y disfrutar del agua tibia.

Los de Vida y Estilo han escuchado con atención, se miran entre ellos y dicen en coro “¡Qué tiempos! Cuando descubrimos la verdadera agua tibia”.

Gracias por leer estas líneas. Comentarios y etcétera por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter en @MarisaPineda. Que tenga una semana de calidez humana.

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