Opinión

Disfraces de las estafas

A DOS DE TRES

Por  Marisa Pineda

En lo que tecleaba este espacio con el tema del origen del árbol de Navidad, que me da por abrir el correo y ¿Qué cree? ¡N’ombre! si antes le hablo.

Resulta que soy muy millonaria y ¡En dólares! Solo me falta enviar un correo con la clave que me llegó, depositar algo así como 100 dólares (el papeleo, usted sabe) junto con los datos de la cuenta a la que me harán el pago y esperar a que el premio se refleje en mi cuenta (¡Qué nervios!).

Mi pendiente ahora es ¿Cómo le voy a hacer con Hacienda? ya ve que con eso del “lavado de dinero” cualquier peso más que gana lo ven como “movimiento inusual, sospechoso”.

Quienes venimos de la era predigital conocimos una revista muy popular que premiaba a sus suscriptores con un automóvil. La publicación llegaba al domicilio acompañada de numerosa folletería, en uno de los tantos folletos venía una llave con el mensaje de que si la había recibido era el feliz propietario de uno de los automóviles con que se premiaba a los suscriptores.

¡Ya tenía la llave! solo faltaba el vehículo. Para tener el auto en su cochera solo necesitaba enviar las direcciones de 20 posibles suscriptores (¡fácil!) y en los siguientes números le llegaría la fecha para recibirlo, en vía de mientras le mandaban un nuevo folleto con la foto del que sería su carro, último modelo, chulísimo.

Con las nuevas ediciones llegaban nuevas indicaciones y nuevas llaves, porque resultaba que la que le había llegado era apenas la primera, tenía que alcanzar la dorada. Para no hacerle el cuento largo (porque lo es) las llaves podían pasar de generación en generación y hasta el día de hoy, no conozco a nadie que haya recibido el prometido automóvil.

Cuando el correo electrónico comenzó a suplir al tradicional, tanto las promociones como las estafas se adaptaron al nuevo medio. De las más conocidas, aquellas que movían a la solidaridad exponiendo el caso de una niñita víctima de un cáncer a la que se podía apoyar depositando equis cantidad en una cuenta.

Al pasar los años y recibir el mismo mensaje era cuando los buenos samaritanos sospechaban haber sido víctimas de una estafa. A las direcciones electrónicas llegaban también las notificaciones de que había sido elegido por una fundación para recibir un buen de apoyo en dólares, solo debía responder el mensaje para conocer las instrucciones, que eran (y siguen siendo) pagar una cantidad para el papeleo (mínima, comparada con el premiazo) y enviar el comprobante de pago junto con el número de cuenta al cual se deberá depositar su premio.

Es triste descubrir que aún cuando el asunto a todas luces es sospechosamente falso, no faltan los crédulos o los ambiciosos que siguen las indicaciones, para descubrir que no solo les birlaron lo del depósito, sino que también le vaciaron lo poco o lo mucho que tenía en la cuenta cuyos datos envío.

Sumando lo que decía en los correos recibidos ya me veía yo en multimillonaria. Ni modo, fácil vino, fácil se fue.

Gracias por leer estas líneas. Que tenga una semana libre de estafas.

Nos encontramos en adosdetres@hotmail.com y en Twitter en @MarisaPineda.

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