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Opinión

Los días y los años de la mujer

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por Martha Chapa

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Tras la pandemia, que nos arrinconó en confinamientos obligados, empezamos ya a recobrar el ritmo social. Justo ahora, en el Día Internacional de la Mujer, emerge de nueva cuenta nuestro activismo, y no sólo como una dinámica incipiente, sino en términos de un nuevo despertar con demandas enriquecidas y exigencias multiplicadas.

Lo constatamos así y nos parece alentador, que hayamos sido nosotras las primeras en romper ese cerco que nos impuso el covid, a fin de retomar y ejercer los derechos que nos corresponden. Estamos hartas e indignadas, con sobrada razón, ante tantos desencuentros respecto a nuestras causas y demandas legitimas. Como quedó asentado en las movilizaciones a nivel nacional que por lo general se desenvolvieron pacíficamente, salvo en la CDMX, y sobre todo en Nuevo León con algunas expresiones violentas que aunque explicables, no se justifican del todo.

En efecto, bien sabemos que el gobierno desaprovechó esos espacios para reflexionar y corregir tanta aberración y conductas erráticas, no desprovistas de misoginia y discriminación hacia nosotras.

Lejos de abrir foros para el diálogo y respaldar políticas públicas que favorecieran la equidad de género y la igualdad entre hombres y mujeres en todos los planos de nuestra vida social, se enconcha, necea e involuciona. Ha sido incapaz de resolver esas dos constantes que son la violencia y la exclusión de las mujeres, como tampoco de contenerlas e ir disminuyéndolas frente a  los escandalosos e indignantes índices del feminicidio y tanta hostilidad e impunidad, lo cual habla de grandes fracasos en materia de seguridad o derechos humanos, e igual que de las ineptas y corruptas instituciones judiciales, además del lamentable comportamiento de las mujeres en el gabinete en el propio gobierno de López Obrador, que no han elevado la voz para protestar, o recomendarle al menos al presidente, que corrija su limitada visión, sus omisiones o ineptitudes. 

Que bueno entonces que tomemos las calles, protestemos, exijamos y no demos tregua ninguna a tantas adversidades, e izemos siempre banderas de libertad, justicia y equidad para todas sin excepción.

Ser parte de una Nación, porque nuestros anhelos sean ya realidad cotidiana y que en los gobernantes predomine la sensibilidad, el conocimiento y la instrumentación de políticas públicas acertadas en el ámbito de las mujeres, y de buen gobierno en general.

Que bien que sirva entonces este gran día, y los subsecuentes, para condenar tantas injusticias, omisiones y vacíos, a la vez que celebrar logros obtenidos, y sobre todo, para empujar los avances que deben y están por venir, pues sólo así conseguiremos una genuina transformación social, económica, educativa y cultural.

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