Opinión

Cambios, sin cambio

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por  Martha Chapa

De nueva cuenta, la renuncia de un importante funcionario del gabinete del presidente López Obrador, evidencia tanto los desacuerdos internos, cada vez más frecuentes y acentuados, como la improvisación en los nuevos nombramientos, sin que hasta ahora haya rectificado los desatinos de gobierno.

Así ha ocurrido, lo mismo con la baja de Jiménez Espriú, como con los cambios en los casos de Rosa Isela Rodríguez y de Alfonso Suárez del Real.

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En el primer caso, el hasta hace poco secretario de Comunicaciones y Transportes, renunció y manifestó su desacuerdo con la decisión presidencial de que fuera la Secretaría de Marina la que se responsabilizara y estuviera al frente de los Puertos Mexicanos y la Marina Mercante, seguido del nombramiento de Jorge Arganiz, quien independientemente de qué cuenta con una vasta y destacada trayectoria en el ámbito de la ingeniería, muchos cuestionan que debido a su avanzada edad pueda ser una garantía de resistencia y continuidad institucional, además de que llega a ese cargo a una dependencia degradada, en sus funciones y de disminuida relevancia.

Un movimiento, con un efecto dominó, que desembocó en el desatinado nombramiento de quien venía fungiendo como secretaria de Gobierno de la Ciudad de México, con una oscura y mediana actuación en su desempeño, sin contar con lo que según diversas fuentes sostienen, en el sentido de que desde años atrás ha sido los ojos y oídos de López Obrador y Ebrard, como si fuera una policía política, hacia dentro y fuera de la institución misma. Al igual, se repitió la tan criticada medida por la oposición en tiempos del PRI, del “generalísimo disfuncional”, es decir, de ubicar a funcionarios de un lado a otro, sin talento conocimiento, preparación y experiencia en la materia.

Otro movimiento extraño, es el de Alfonso Suárez del Real, que venía ocupando el cargo de secretario de Cultura, desde los inicios de la gestión de la actual jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, sin méritos mayores y con fuertes y frecuentes críticas de creadores y promotores de ese ámbito durante su gestión calificada como mediocre, además que nunca fueron apoyados como tampoco que se hubieran abierto espacios para el diálogo, tan esenciales en su nuevo cargo.

Llama la atención la disidencia del saliente secretario de Comunicaciones y Transportes, a lo que López Obrador ha querido convertir en un “diferendo”, cuando se trata en si de una denuncia y cuestionamiento a las concepciones de gobierno del propio presidente.

Es cierto, que en todas las administraciones del pasado reciente los titulares del Ejecutivo realizaron cambios a nivel del gabinete, aunque nunca habíamos visto tanta inconformidad en los subalternos del más alto nivel, como ha ocurrido durante la actual gestión ya se trate de Germán Martínez, cuando estuvo al frente del IMSS, y más grave aún, con la renuncia de Carlos Ursúa, Exsecretario de Hacienda y sus evidentes desencuentros con el presidente, entre otros. En ambos casos, resaltó la valentía de esos funcionarios al manifestar públicamente sus diferencias en el manejo de los asuntos públicos, reflejando también desdén, prepotencia, caprichos y malos tratos por parte de López Obrador.

En su conjunto, tales  renuncias y cambios sin ton ni son resultan muy preocupantes porque muestran falta de coordinación, carencia de proyecto e ineptitudes, lo cual puede tipificarse como un daño a la nación

Como se ve, no se trata de remociones procedentes y justificadas, ni de nuevos nombramientos ameritados, en lo que sería un golpe de timón procedente ante tantos desatinos del actual gobierno, sino de privilegiar un personalismo autoritario que sacrifica eficiencia por cercanía y lealtad, en perjuicio de la buena marcha de la nación.

¿No es eso acaso deshonestidad?

Si, y también, cambios sin cambio

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