Opinión

De debilidades y contrapesos

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por  Martha Chapa

Del llamado acuerdo que se logró con Estados Unidos, mucho tenemos que lamentar y muy poco que celebrar.

De hecho, se trata propiamente de la desactivación de una amenaza más que de la consumación de una iniciativa de nuestra parte para conseguirle mayores beneficios al país.

Todo empezó por una reprimenda del disparatado y cada vez más predecible Donald Trump y sus intentonas electorales, aunque no dejaron de tener un efecto alarmante entre nosotros.

En todo caso, se trataba de una alevosa agresión ante la que había que reaccionar y defendernos.
Sin embargo, no tiene nada de celebratorio el que hayamos detenido tal amenaza, pues a la vista está que cedimos en todos los puntos que el presidente norteamericano ha exigido y hasta ahora consiguió rotundamente, lo cual nos lastima e indigna.

Así, obedecimos su consigna de detener la migración con un carácter policiaco y represivo y aún más ser nosotros su patio trasero donde residan los migrantes hasta que buenamente la burocracia norteamericana responda a las solicitudes de asilo que suelen llevarse años en resolverse para bien o para mal de los solicitantes.

Dice bien Porfirio Muñóz Ledo, que navegamos en el doble discurso de exigir a Estados Unidos que traten bien a nuestros migrantes mientras que nosotros tratamos mal a los que pisan suelo mexicano, lo cual, es también una crítica a Marcelo Ebrard, quien sostuvo falsamente que nuestra dignidad quedó intacta. Y de paso dio una lección a López Obrador quien ha afirmado una y otra vez que la mejor política exterior es la interior, si bien se trata de diferentes conceptos y realidades que están si interrelacionadas, pero tienen que atenderse juntas y por separado, lo cual no ha ocurrido. Más aún, estuvo alentando la entrada a grupos de migrantes, ofreciéndoles empleo, alojamiento y otros beneficios, que millones de nuestros compatriotas no tienen. 

Si acaso tuvimos a cambio la pírrica concesión de que se alentará el desarrollo en Centroamérica para detener a tantos que buscan trabajo, paz y prosperidad y no la encuentran en su propia tierra, lo cual es igualmente a largo plazo y nada asegura que se cumpla plenamente y sea exitosa, por más que se trate de una acertada iniciativa del gobierno mexicano.

Es cierto, que pesa y determina mucho en nuestro destino nacional la asimetría, respecto a Estados Unidos, por lo que si bien debemos siempre actuar en favor de nuestros intereses legítimos y soberanía, no valen tampoco concesiones timoratas ni desplantes demagogos de tinte nacionalista.

Por eso, el mitin de Tijuana es un sobrante y una intentona truculenta para fingir, cuando en realidad nos doblegamos frente al Goliat norteamericano con una cesión prácticamente incondicional a los caprichos y excesos de un Trump desesperado por la reelección y a la búsqueda del refrendo del poder por el poder mismo.