Opinión

Gran defensora de las mujeres

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por  Martha Chapa

Por fortuna, en casi todos los países existen aliados o aliadas de causas nobles y un sentido humanista e igualitario.

Una venturosa presencia de personas y grupos que abarca lo mismo a luchadores sociales que a movimientos civiles o personalidades de la vida pública, comprometidos desde su propia tribuna o trinchera, a favor de los derechos humanos.

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En el caso de Ruth Bader Ginsburg, quien como ministra de la Corte Suprema de Estados Unidos defendió valores que ampliaron y enriquecieron la franja de la justicia, sobre todo por lo que toca a la causa de las mujeres.

En su larga y ameritada trayectoria, la talentosa y valiente abogada, también pugnó por la no discriminación a los migrantes en los Estados Unidos y otras conquistas sociales que se vinculan al feminismo y a las preferencias individuales, sean religiosas, políticas, económicas o de género.

Una mujer que resintió por igual la discriminación, por el hecho de serlo, desde su ingreso a Harvard que muchos cuestionaron y que hasta demencialmente acusaron de que se quitaba un lugar para que un hombre estudiara. A la vez, una vez que concluyó sus estudios en esa prestigiada universidad, batalló para conseguir trabajo.

Tras de ir avanzando con gran esfuerzo, voluntad, compromiso y congruencia, empezó a destacar en el campo de la abogacía y en las propias instituciones norteamericanas, hasta que el presidente Bill Clinton, cuando hubo de ocupar un espacio en la propia Corte de Justicia, previa rigurosa auscultación a muchos candidatos y candidatas, optó por ella y fue electa en 1993.

De hecho, desde que fue nombrada ministra hasta nuestros días, conjuntó un cuarto de siglo, de servicio ininterrumpido, hasta hace unos días por su tan lamentable deceso, no obstante haber padecido cáncer durante los últimos 20 años de su vida, sin que cesaran sus brillantes intervenciones e incluso sentar precedentes de excepción en materia de derechos y libertades para la propia sociedad norteamericana, que de hecho siempre la valoró y reconoció.

Por eso, hay un sentimiento de luto generalizado y si bien se le ha rendido tributo, son los sectores y agrupaciones progresistas quiénes más resintieron su pérdida.

Pronto tendrá que ocuparse este espacio, ahora tan difícil de llenar, y se teme que el presidente Donald Trump intente nombrar a un juez o jueza de filiación ultraconservadora y seguramente plegado a su visión racista y discriminatoria.

Ojalá que no sea así y tanto el Partido Demócrata como de algunos republicanos y desde luego de organizaciones de avanzada, se interpongan y aseguren que los logros tan grandes de Ruth, se afiancen, amplíen y continúen.
Siempre la recordaremos, con admiración y gratitud.

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