Opinión

Mujeres en avance

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por  Martha Chapa

Hay momentos en que todas debemos echar las campanas a vuelo. Y lo que aconteció en estos días lo ameritan plenamente.

Me refiero a las reformas que se introducirán en nuestra legislación para que haya paridad de género en los tres Poderes de la Unión y en los propios organismos autónomos e incluso en materia electoral.

Felices estamos entonces, ya desde ahora, porque será una realidad positiva tras décadas de lucha y exigencias por parte de diferentes generaciones de mujeres. Claro que nuestro entusiasmo debe extenderse a una estricta vigilancia para que se cumplan los preceptos de la ley y evitar cualquier truculencia o artilugio legaloide, pues ya hemos visto como en el caso de las sustituciones que se hacen en las candidaturas de mujeres a puestos de elección popular, que se cubren luego con los suplentes que son del género masculino.

Como sabemos, hasta ahora hay una presencia femenina menor a la de los varones en todos estos ámbitos respecto a los hombres. Basten estos datos como ejemplos, por lo que toca a las entidades federativas: y  en los gabinetes locales sólo el 21% son mujeres, en los congresos 28% y un 12% por lo que se refiere a alcaldesas, junto a la estremecedora cifra de que en los últimos 20 o 30 años apenas hemos conseguido que nueve mujeres se hayan convertido en gobernadoras de su estado.

Un cambio también esencial de esta reforma representará en el caso de las trabajadoras domésticas, que prácticamente nunca han gozado de salarios, prestaciones, protección médica y otros beneficios a los que tenían derecho.

Buenos anuncios que están a punto de consolidarse en nuestro marco jurídico pues fueron ya aprobados en el Senado de la República y turnados a la Cámara de Diputados, con la idea de que este mismo año se promulguen debidamente por el Ejecutivo. Ya no estará condicionada la presencia de las mujeres a criterios discrecionales o de coyuntura y falsas conveniencias, pues no son recomendaciones ni quedan a la voluntad de nadie, sino que se han convertido y lo aplaudimos, en una ley irreversible y de observancia general.

Y unido a nuestro entusiasmo debe abonarse una actitud decidida para que se cumplan con sentido estricto estas nuevas oportunidades y evitar que como se dice en La Divina Comedia,  que el camino esté lleno de buenas intenciones y que ahí quede y se reduzca todo a nada.

Vamos juntas entonces a recorrer, ensanchar, potenciar y actuar en esa dimensión que está a la vista ya en el siglo XXI y en mucho depende de lo que nosotras hagamos sin parar ni ceder.