Opinión

¿Reyezuelo?

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por  Martha Chapa

Quién no recuerda aquella línea de una de las legendarias canciones del gran José Alfredo Jiménez, que a la letra asegura e impone… Y mi palabra es la ley!

Justo hoy que la tarareo me recuerda a la vez que  si bien puede mover sentimientos en lo personal, resultaría un desplante inaceptable en la política y en una sociedad democrática como la nuestra o en vías de serlo más plenamente, pues un individuo no puede ni debe ser el que dicte omnipotentemente la reglas por los demás.

De ahí, como sabemos, representó un enorme avance civilizatorio dividir el poder en tres: ejecutivo, legislativo y judicial, aunque las tentaciones cuando se gobierna sean grandes e irresistibles muchas veces para supeditarlas al interés público.

Por eso, ahora me inquieta y rebela, aún más el escrito que el propio presidente López Obrador hiciera y enviara a tres de sus secretarios donde da por hecho la abrogación de la reforma educativa, inscrita actualmente en la Constitución Política de nuestro país.

Así, el Memorándum como él lo llamó, carece de todo  sustento jurídico e incluso se inscribe a mi parecer en un grave error político ya que asoma un carácter autoritario y displicente con nuestro modelo político, actitudes más bien típicas de regímenes dictatoriales.

Además, contraviene la promesa esencial, que tanto repitió en su campaña como candidato a la presidencia y  al igual que en su toma de protesta, en el sentido de que nada ni nadie por encima de la ley.

Y tan preocupante como las declaraciones que hizo enseguida: de qué la justicia esta primero que la ley, lo cual nos remite a aquel ancestral y ya superado dilema, de que los fines no justifican los medios 

En otras palabras, solivianta el orden y el respeto a los derechos y libertades de cada quien, puesto que si quedan al gusto personal lo que nos parece justo o injusto que justifican entonces violar las normas y leyes establecidas, para sumirnos entonces en lo que llamamos La ley si... pero de la selva.

López Obrador debiera muy pronto rectificar lo hecho y dicho en este caso porque es inadmisible en todos los sentidos, además de que atenta contra  su mismo proyecto y propuestas, al abrir las puertas a la interpretación particular, como por ejemplo, si nos parecen equitativos o no los  impuestos podemos dejar de pagarlos o si el sector empresarial por un motivo personalista deja de invertir e incidir positivamente en el desarrollo económico, tan necesarios para cualquier nación que quiera prosperar y distribuir bien la riqueza.

En lo sucesivo, por igual, debe serenarse y pensar mejor lo que dice pues la palabra de un presidente conlleva un gran peso y representa uno de los poderes que de no invadir a otros o sabotearlos, asegura la estabilidad, el crecimiento y el bienestar común.

Nada tan contrario como lo que ha venido pregonando por lo que seguimos pensando que si quiere beneficiar a la sociedad mexicana en su conjunto, debiera aspirar a ser un estadista y no un cacique faccioso, ya que por el momento cada vez más surge la duda, los cuestionamientos y el condicionamiento o retiro de apoyo, si así  se haya votado por él.

Y si se quisiera tomar otro estribillo de El rey, para concluir, bien podríamos canturrear… una piedra en el camino me enseño que mi destino era rodar y rodar... y además que no se puede entender que en su caso se trate de un monarca, concepto que quedó desterrado paradójicamente desde el mismísimo Juárez que él tanto alaba.

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