Opinión

También votamos por las libertades

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por  Martha Chapa

La relación entre el poder y la prensa siempre ha tenido episodios funestos y lamentables en contra de la libertad de expresión.

Los gobernantes usualmente han pretendido parar críticas y enjuiciamientos en los medios de comunicación bajo la idea de uniformar una opinión favorable a sus decisiones, hechos, obras y en general actos de gobierno.

Situaciones que igual se registran en sistemas que se autodefinen como democráticos, a diferencia de gobiernos autoritarios o peor aún de regímenes totalitarios donde incluso los medios de comunicación dependen del Estado.

Por su parte, el periodismo sobre todo en los medios escritos, históricamente ha dado batalles heroicas, ejemplares y decisivas para bien del interés público, ya se trate de ineficacias, engaños corrupción o impunidad de quienes detentan el poder político.

Viene a propósito mi comentario porque lamento que un presidente que cuenta con un gran apoyo en la sociedad mexicana aluda con frecuencia a la prensa mostrando desprecio y hasta burlas en las conferencias que ofrece por las mañanas, específicamente frente a los propio reporteros que representan esos medios de comunicación que se sienten ofendidos, al grado de que resulta extraño que no hayan llegado a levantarse o dándole la espalda inquiriéndole porque se les convoca si no son vehículos confiables y dignos para la información pública.

Por fortuna, hay excepciones y algunos medios han cuestionado estas conductas en sus propios medios y más recientemente incluso se enfrentó con valor y lucidez el excelente periodista Jorge Ramos al presidente de México, quien no solo se supedito a las reglas que imperan en estas conferencias sino que hizo uso del derecho de réplica en varias ocasiones al mismísimo López Obrador cuando se refirió al tema de la seguridad pública y las estadísticas.

Sentó entonces un precedente y dejó constancia de un periodista profesional y comprometido con sus lectores y área de influencia de los espacios en donde presta sus servicios informáticos

Por su parte, López Obrador debiera cambiar su tono y percepciones de los periodistas y de los medios a los que pertenecen y que día a día responsablemente cumplen con su función social y reproducen justamente lo que él dice y como lo dice. Y no se trataría tampoco de hacer concesiones entre unos y otros sino de establecer un intercambio con equidad y lucidez además de la libre interpretación en los artículos de fondo y los editoriales que presentan los colaboradores con sus invaluables y orientadoras opiniones.

Queda claro que la sedicente Cuarta Transformación para serlo, debiera para empezar, abstenerse de esa visión autoritaria, limitada y obtusa de mirar a la prensa, en tanto que esta es un baluarte de la democracia, las libertades y la conciencia social de un pueblo.