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Más allá de la austeridad

El informe sobre El Comercio y el Desarrollo 2017 de la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre Comercio y Desarrollo, arranca citando el poderoso discurso de Martin Luther King en la Riverside Church de Nueva York. Ahí, hace cincuenta años, el sacrificado apóstol americano de los derechos civiles, la paz y la democracia, hizo un “llamamiento apasionado por un mundo más igual, más justo, más pacífico y más digno”.

Para King, transitar de una “sociedad hecha para las cosas a una sociedad hecha para las personas”, requería una revolución radical de los valores. Sólo así, podría la humanidad salir al paso de la funesta “tríada de gigantes integrada por el racismo, el materialismo extremo y el militarismo”. 

Hoy, poca duda debería caber de la pertinencia y actualidad del mensaje de aquel gran retórico que fue el pastor americano. Sin haber podido sortear del todo las tendencias al estancamiento surgidas de la Gran Recesión del 2008-09, el mundo se recupera muy desigualmente y las asimetrías entre las naciones que la hiperglobalización de fin de siglo prometía desvanecer pronto, definen el panorama de las relaciones entre los Estados y asuelan con enorme intensidad y violencia la frágil estabilidad política y la tambaleante cohesión social de las comunidades nacionales. 

La ruta hacia un nuevo horizonte de bienestar compartido, innovación y redistribución social no está a la mano, en agudo contraste con las manifestaciones de voluntad y compromiso mundial que dieron lugar a los Acuerdos de Paría sobre el cambio climático y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible acordada por la Asamblea General de las Naciones Unidas hace poco menos de dos años. El Informe documenta e ilustra estas disonancias en el discurso del mundo. 

En efecto,  desde esos lúgubres miradores la UNCTAD convoca a revisar lo logrado y asumir los enormes déficits del desarrollo internacional ahondados por la crisis reciente. Así, traza una hoja de ruta compleja pero atractiva, con mil y una dificultades enfrente, pero bien sostenida en la razón histórica de la que hace un uso espléndido así como en un razonamiento técnico e intelectual robusto y bien fundado. 

Desde antes de la Gran Recesión, nos recuerda UNCTAD, se metió reversa al orden político económico de la postguerra, que se condensaba en el Estado de Bienestar y, en general, en el compromiso que parecía universal con la construcción de un Estado Democrático Constitucional de Derecho que, para serlo, tenía que ser también un Estado Social. Frente a ello, la “revolución de los ricos” que estudia Carlos Tello puso de cabeza al propio Estado convirtiéndolo de proveedor en facilitador.

Ahora, escribe Richard Kozul-Wright de la UNCTAD, junto con el desencanto con la globalización y hasta con la democracia, aparece el temor creciente de que los robots y los rentistas dominen la existencia de los trabajadores y frenen sus aspiraciones.

La rápida intervención de los gobiernos evitó un colapso mayor y la reedición de la Gran Depresión de los años treinta. Pero en una cruel ironía de la historia, fue esta pronta recuperación la que permitió al conservación de las prácticas asociadas a la hiperfinancialización y la reproducción de las tendencias corrosivas en los Estados y la distribución, en endeudamiento y el estancamiento de los niveles de vida de las mayorías. 

Y así se abre paso al decadente escenario del estancamiento secular y la irrupción de las peores pulsiones antidemocráticas y racistas, de aislamiento económico díscolo y agresivo. Como lo hemos empezado a vivir en estas tierras y sus colindancias.

Estas derivaciones cobijan desenlaces todavía más obscuros que el presente. Hay, nos propone el organismo de la ONU, que recuperar el espíritu renovador y el sentido de urgencia de Martín Luther King y actualizarlo frente a las nuevas circunstancias tecnológicas y de la economía política mundial. 

Este Informe sobre el Comercio y el Desarrollo debe convertirse en referencia obligada para la formulación de alternativas que hagan suya la consigna de King. Para darle nuevas energías a las instituciones de protección y bienestar que por un buen lapso de la historia presente permitieron dibujar líneas de esperanza en un mundo cada vez más interdependiente e integrado que, por ello, requería de más seguridad e igualdad. La post guerra fría y su hiperglobalización no trajeron la materialización de estas perspectivas y aspiraciones y la Gran Recesión agudizó carencias y dislocaciones.

Para imaginar y realizar un nuevo curso de desarrollo con seguridad humana y compromiso firme con la protección del entorno, este valioso documento ofrece un robusto derrotero para navegar contra las corrientes que han dominado la economía política mundial en los últimos treinta años, antes de la crisis y ahora en su amarga secuela.

Hay, nos dice la Conferencia, que “ir más allá de la austeridad” y a construir un “Nuevo Trato Global” que nos permita ir el mismo barco sin peligro de naufragar a la primera. Espléndida decisión editorial empezar citando a Luther King con todo lo que sus palabras significan hoy para todos y concluir recordando los grandes planteamientos del “nuevo trato” propuesto a sus compatriotas en 1932 por el presidente Franklin Delano Roosevelt. Hoy, en medio de la interdependencia profunda a que hemos llegado, para flotar juntos tenemos que actuar juntos y darle al vocablo solidaridad un sentido moderno y global. 

Ir más allá de una austeridad injusta y paralizante: recordar a Roosevelt y asumir que de lo único que hay que tener miedo es del miedo mismo.