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Masacre, sólo un síntoma

MAZATLÁN

El asesinato de 12 personas sacudió al sur de Sinaloa, en especial al municipio de San Ignacio. No es la primera vez que se registran asesinatos múltiples en esa zona.

También en Concordia ha habido episodios terribles, de los cuales le hemos dado cuenta en los últimos días. Las versiones del gobierno indican que la matanza se dio por disputas de grupos de gavilleros que se pelean el control de la zona.

Lo mismo se ha dicho de otras masacres. Lo lamentable es que criminalizar a las víctimas, "enredarlas" como se dice en el argot policiaco, ya es una costumbre de nuestras autoridades.

Pero más allá de las implicaciones que estos doce ejecutados hayan tenido con actividades delincuenciales, lo que esta matanza pone en evidencia es el completo descontrol que hay en la zona serrana. Una vez más un episodio de tan alto impacto deja en claro que los altos son tierra de nadie.

Esta y las otras masacres que se han dado en la zona son una secuela de la crisis de seguridad y del enquistamiento que padece la sierra de grupos criminales. Pero la marginación y el temor con el que viven los sinaloenses de bien de esa zona es otro.

A esa zona se accede con la venia de los criminales, sin ella es imposible. Es una parte del estado de enormes bellezas naturales, con potencial incalculable para actividades recreativas, productivas, de educación, investigación, sin embargo, están secuestradas y entrar a ellas es arriesgar la vida.

No por nada son miles las personas que han abandonado sus comunidades en la sierra, muchos incluso dejando casas, tierras y ganado en el olvido, para empezar de nuevo en las ciudades, donde tienen que empezar de cero, sin pertenencias, pero vivos.

La "peinada" a la sierra que prometió dar el gobernador el año pasado luego de que ocurriera otra masacre, simplemente no ha funcionado. De fondo faltan estrategias que inhiban las actividades de los cárteles de la droga en la zona. No hay una política de fondo ni alcance para atender la crisis de seguridad en los altos, ni la crisis de pobreza que sufren quienes deciden dejarlo todo en la sierra para vivir en las ciudades donde no tienen nada.