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Masoquismo politico

GUASAVE

Con el caso de la activista asesinada en Culiacán, las posteriores, encadenadas e infortunadas declaraciones del Procurador de Justicia, no es la primera vez que le truena en las manos un conflicto al gobierno.

Si hiciéramos un recuento de los líos "variopintos" en los que se ha involucrado la administración estatal, muchos de ellos innecesarios, tiempo y espacio harían falta para enumerarlos.

Los funcionarios del Estado, desde el propio mandatario, pasando por el secretario general de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros, hasta llegar al resto de colaboradores, no solo tienen un prurito por meterse al ojo del huracán, sino como que disfrutan de los escándalos. Es algo así como una especie de masoquismo político.

Pero más malo aún, dan la impresión que cuando no los hay, no están contentos y por eso los procuran y aunque ejemplos al respecto abundan, aquí para reescribirlos no caben, pero además resultaría ocioso entrar en detalles.

Esa política del desparpajo, si no es que de plano del importamadrismo y la frivolidad, de dejar pasar, permitir que "se pudran" por no atorarle con decisiones estadistas y con talento a los problemas, asumiendo que el tiempo cura todo, sin duda representa un alto costo para las instituciones.

Después de pasar por escándalos de abusos de poder, acusaciones de involucramiento con el crimen, feroces enfrentamientos internos, demandas penales de toda laya, renuncias de funcionarios en medio de dimes y diretes y otras lindezas por el estilo, lo mas nuevo, ahora a cargo del Procurador.

Después de dos años de la desaparición de uno de sus empleados, la muerte de su madre, la captura del presunto responsable del homicida, en medio de una de las peores crisis de credibilidad hacia el gobierno que se recuerdan, Marco Antonio Higuera queriendo justificar por un lado el levantón de su trabajador y el asesinato de la mamá, acusa a aquel que no puede defenderse, de ser un delincuente.

Si le asiste o no la razón al procurador no es el caso; el asunto es que aparte de enseñar una torpeza inaudita como fiscal, crea en la sociedad un ambiente de mayor desconfianza, pues todo mundo asume que el supuesto responsable es un vil "chivo expiatorio", que se lo sacaron de la chistera.

Por tratarse la Procuraduría de Justicia de un organismo de gobierno con una delicada misión por cumplir, el que Higuera Gómez este diciendo la verdad no es la cuestión de fondo. Lo percibido por la opinión publica es que miente, porque en tanto son peras o manzanas, se agrava el daño moral a la institución que la imparta en su credibilidad.

No es un problema que surgió de "botepronto". Hace meses que la PGJ estaba en su conocimiento, por lo que tenian la obligación de resolverlo antes de que estallara con el asesinato y las posteriores actitudes del Procurador.

Pero no, por el sesgo que tomaron las cosas, todo hace presumir que la disfuncionalidad del gobierno del estado, sumada a la soberbia del poder para el que no hay mas razón que la por él esgrimida, les impide ver mas alla de su nariz.

Es lo mismo que ha sucedido a lo largo de los tres años de la administracion estatal y en cuyo andar, dan la sensación de no haber aprendido nada.

Parece, por el erradero en que sus funcionarios han convertido al gobierno, que no conocen lo mas elemental de la lógica política; tampoco del sentido comun, ya no en función del servicio publico, sino al menos para no aparecer como unos zafios del arte de gobernar, que esa y no otra es la visión general.