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Matemáticas para los lectores, de Haghenbeck

Si usted ha sido lector toda la vida, disfrutará leer la novela Matemáticas para las Hadas, de F.G. Haghenbeck, publicada por Grijalbo, Penguin Random House, en mayo de 2017, en la Ciudad de México. Si usted apenas se ha iniciado como lector, o es de los que dejan los libros empezados, encontrará en esta novela lo que andaba buscando y no sabía. No tiene desperdicio. Posee esa mezcla eterna de la narrativa en que Haghenbeck es un maestro: contar para ser leído y desarrollar un personaje como centro de un tema de interés general.
Por favor no se asusten, no son clases de matemáticas ni un tratado sobre las hadas. Es la historia de una hada, de Ada Augusta Byron, “la primera programadora de la historia”, hija del poeta maldito, Lord Byron, condesa de Lovelace, colaboradora cercana del mítico Charles Babbage, que inventó la computadora en 1822 y matemática ninguneada durante siglo y medio. Si a usted le gustan los personajes femeninos, le encantará, porque estará frente a una novela donde las que dictan las reglas son las mujeres: “las faldas son las que manejan las cosas importantes del mundo”, y desde luego, porque todos los personajes tienen vida, pero Ada les robará el corazón, y Annabella se los estrujará hasta convertirlo en un papelucho desechable. La historia ocurre en la primera mitad del siglo 19, en el seno de la nobleza británica de aquellos años y de las personas de ciencia, con presencia breve de George Byron, el poeta que cambió “la sentimentalidad de su país”. Nada menos.
F.G. Haghenbeck, quien nació en la Ciudad de México, en 1965, es dueño de un extenso territorio narrativo que lo proyecta como un novelista de primer orden. Su pasión por la investigación histórica se nota y su no menos intensa pasión por la creación de personajes. Cuando Ada es niña es agredida por su madre divorciada, por leer los poemas de su padre; “para ella, la poesía era tan inútil como la sonrisa de un muerto”, explica. La chiquilla huye de casa al bosque cercano, donde se le hace de noche. Oberón, rey de las hadas, la despierta. Hacen un pacto que ella respetará durante muchos años de su vida y que será parte recurrente en la presente historia. Toda su niñez y parte de su juventud verá hadas en su ventana, les planteará sus problemas y les pedirá consejos. “Las hadas leen el futuro de la humanidad”; no pocas veces escuchará la voz de Encantadora, su voz interior, que le advertirá de los inconvenientes de la vida. Este mundo de fantasía se verá cruelmente afectado por Annabella, su madre, que la obligará a estudiar para ser una matemática de renombre, e ir a contracorriente de la personalidad de Lord Byron.
El narrador no deja asunto sin explicar y sabe muy bien dónde y cómo hacerlo. Se puede ver a Ada Augusta moviéndose en el mundo social, entre científicos, con sus amores y sus hijos, interactuando con sus amantes o comiendo “ciervo servido en una salsa de vino madeira y moras silvestres… vino austriaco… y una sopa de cola de buey como comienzo”. Un personaje móvil, viviendo una vida llena de esfuerzos, dudas y preguntas como las que nos hacemos todos los seres humanos. Haghenbeck lleva a su personaje a tocar fondo, pero siempre como un ejemplo de carácter y determinación, incluso cuando cae en confusiones con respecto a sí misma. Además de Babbage, conoció a Michael Faraday, creador del concepto de electromagnetismo; a Charles Wheatstone, matemático e inventor, y al rubio Charles Dickens, considerado el mejor novelista del siglo 19 y uno de los primeros que consiguió vivir de su arte. Una noche les bastó para que sus cuerpos y sus almas se reconocieran y se aconsejaran. De la mano del autor, ambos sabían que vivían en una tierra “donde no se aburrían, porque era eterna”, y porque les sobraba encanto.
De verdad, Matemáticas para las Hadas es una novela íntima, como que fue escrita para producir buenos momentos, hacer renacer el amor y la esperanza, y también para comprender las batallas que las mujeres han debido librar a lo largo de la historia, para crecer de acuerdo a su vocación e inteligencia. Definitivamente, Haghenbeck escribe para compartir, como que sigue una voz mágica que le señala caminos inéditos y sombras insolubles por donde su novela debe transitar, como que las claves de su escritura le llegan de un sueño después de una intensa jornada de trabajo. No tengo dudas de que ama a las hadas y, desde luego, al bosque donde habitan. Ya me enteraré de lo que piensen ustedes.