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Mayra Montero

EL ARTE DE NOVELAR

Nacida en La Habana en 1952 y avecindada desde hace treinta años en Puerto Rico, Mayra Montero es originaria de una gran patria: el Caribe. El caballero de San Petersburgo, publicado por Tusquets en febrero de 2014, es una matriz perfecta de ritmo suave y cadencioso, acertadamente musical, con que Mayra nos cuenta una parte del mundo, con esa fuerza de los escritores del Caribe que escriben para descubrirnos lejanías, personajes o resplandores, que explican ese rostro múltiple que los define más que la llegada de Cristóbal Colón.

En el San Petersburgo del siglo dieciocho, todos son caballeros; sin embargo, pasará por sus gélidos recintos uno que no abandonará el pensamiento de Antonia de Salis, la protagonista de esta historia: Francisco de Miranda, un militar venezolano, que busca recursos y aliados en Rusia para independizar Venezuela de España, antes de Simón Bolívar. Además del entendimiento amoroso, surgirá entre ellos una solidaridad a prueba de deslices y revelaciones inesperadas. Antonia, a sus diecisiete años, asiste al deslumbramiento del poder que ejerce la emperatriz Catalina, la grande, a la adoración popular a Potemkim, un general robusto y feo al que no se le resisten las más hermosas doncellas, entre ellas, esa joven cubana de piel avellanada; está también Ghika, una rica y anciana viuda que relaciona a la caribeña con Potemkim. Desde luego, parte importante de la novela es la persecución de Miranda por parte del gobierno español que lo quiere en prisión.

Montero posee el don de la paciencia creadora. Sus demonios no resisten su estilo y la dejan a su aire. Cada palabra, cada línea son parte de un corpus discursivo agradable al entendimiento y al oído. Las pasiones en su novela son claras y son el eje del movimiento de los personajes, desde la emperatriz que recorre un país que la adora, hasta Ígor, el octogenario criado de Ghika que la sigue hasta en lo inexplicable. Es una novela llena de aromas orientales, de telas crujientes, licores fuertes y platillos que nos hubiera gustado probar. Los personajes ejercen una sensualidad de alto nivel que deja claro que hay ciertas costumbres humanas que no cambian ni cambiarán, como los encuentros sexuales inesperados motivados por la naturaleza humana.

La autora es una de las escritoras que se lee con placer e interés, quizá por su estilo suave y atrayente, quizá por la manera en que crea personajes que están muy cerca del sueño de los lectores y lectoras contemporáneos: hombres fuertes e inteligentes, mujeres capaces de todo que son muy femeninas, juegos de poder, un ambiente inhóspito y una trama perfectamente calculada que en un giro de estilo, Mayra Montero suelta al final y acelera en más de un sentido los acontecimientos. Hay tramos en la vida de los personajes que no vale la pena contar y ella los identifica y los omite. Por supuesto, el amor y la belleza van de la mano, en una época en que las almas desnudas no eran afectadas por el frío. Descubrirán también una imagen bastante parecida a la historia de La bella y la bestia.

Ya lo decía Bashevis Singer, citado por Federico Campbell en Padre y memoria, "Cuando un día pasa, deja de existir. ¿Qué queda de él? Nada más que una historia. Si las historias no fueran contadas o los libros no fueran escritos, el hombre viviría como los animales: sin pasado ni futuro, en un presente ciego." Desde luego, la fuerza que anima a Mayra Montero es de ese calibre y se refleja en la calidad de su literatura, que además posee esa gota de humanidad a la que sus lectores no somos ajenos. Antonia pierde a su madre en un naufragio; años después a su padre y a las personas que la rodean. Va cerrando círculos hasta que un día debe cerrar el de Francisco de Miranda, que como Ghika requiere de la fantasía griega de un pajarito llamado caradrio que lo empuje en el viaje final. ¿Será que los amores intensos siempre están ahí? Lo cierto es que el mundo da vueltas y que contar lo que pasa hace a los hombres distintos, y menos compuestos cuando comprenden que "el tiempo es una prolongación de la muerte", como sostiene Montero.

Cada capítulo de El caballero de San Petersburgo, tiene un epígrafe que en determinado momento lo despejará de algunas conjeturas. Quizá elogien una vez más el aroma inmortal de la naftalina y reconozcan que Mayra Montero consiguió penetrar nuestro baúl de los recuerdos, ese espacio donde vive toda la familia sin que por ella pasen los años. A veces una dosis de nostalgia viene bien. Apoco no.