Opinión

Mejorar la representación

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Por: José Antonio Crespo

Se supone que la propuesta del PRI de eliminar 100 diputados de representación proporcional mejoraría la representación.

Pero, como se ha dicho, eso puede distorsionar aún más la representación en el Congreso. Si de verdad se quiere mejorar la representación, el reflejo de la voluntad ciudadana en el Congreso, podrían tomarse las siguientes medidas:

1.- En el Senado se puede combinar la representación proporcional manteniendo el pacto federal según el cual cada estado debe estar representado por el mismo número de senadores. Para lo cual es posible elegir a tres por cada entidad por estricta representación proporcional. Cuando uno de los partidos reciba una mayoría abrumadora, le tocarían los tres senadores (algo muy poco probable hoy en día). Cuando un partido tenga clara mayoría, recibirá dos senadores y el tercero irá al segundo lugar. Y donde la votación sea muy pareja entre los tres partidos, a cada uno le tocaría un senador. Eso sin afectar, como actualmente ocurre, el pacto federal de igualdad de representantes.

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2.- Y en la Cámara de Diputados, si de verdad se quiere una mejor representación, se debe incorporar una proporcionalidad exacta; a cierto porcentaje de la votación, igual porcentaje de curules. Ese es el principio original de la fórmula de proporcionalidad, que en México nunca ha funcionado porque al ser introducida prevalecía la hegemonía del PRI, que buscaba dar más espacios a la oposición para que ésta no muriera de inanición ni se retirara del juego, pero sin poner en riesgo la hegemonía misma. Así, en 1979 se instauraron 100 diputados de representación proporcional frente a 300 de mayoría, y aquéllos sólo se repartían entre la oposición (los que hubieran obtenido menos del 60% del voto, y el PRI siempre estaba por arriba de eso). En 1987 se ampliaron los de representación proporcional a 200, pero el PRI podía entrar al reparto, e incluso al partido mayoritario se le garantizaban tantos de representación proporcional como necesitara para obtener una mayoría absoluta de curules, sin importar el grado de sobrerrepresentación que eso implicara (es la famosa cláusula de gobernabilidad).

En 1990 se fue más allá; si bien se puso un piso para aplicar la cláusula de gobernabilidad (35% del voto), se incluyó la llamada "escala móvil" que daba al partido mayoritario dos diputados de representación más por cada punto porcentual que obtuviera por encima de ese punto (además de los necesarios para la mayoría absoluta). Así, si en 1988 el PRI obtuvo 251 diputados, con esa misma votación pero aplicando la ley de 1991 hubiera obtenido 281 incrementando la sobrerrepresentación. En 1993 hubo otro cambio; se supone que se dio un avance al eliminar la cláusula de gobernabilidad, pero la fórmula de reparto fue más benéfica aún para el partido mayoritario; los diputados de representación se repartirían sobre la base de votos de cada partido, pero independientemente del número de curules de mayoría que hubiera ganado. De nuevo, con los resultados de 1988, pero bajo la nueva fórmula, el PRI hubiera ganado 320 diputados, si bien se puso techo también al 60%, lo que de cualquier forma se traducía en 300 diputados (muchos más que los 251 que ganó en 1988).

Finalmente, en 1996 se planteó quitar toda sobrerrepresentación, pero se optó por dejar hasta un 8% de ella, lo que es absurdo pues ni garantiza una mayoría absoluta (si ese fuera todavía el objetivo) pero tampoco permite una representación fiel del voto ciudadano. Es ahí por donde se puede mejorar dicha representación. Se podría incluso reducir el número de curules sin afectar la representación, a 100 plurinominales que se distribuyan de tal manera que cada partido obtenga el mismo porcentaje de curules que porcentaje de votos ganado en las urnas, al margen de las diputaciones de mayoría que hubiera conquistado. Si los 100 plurinominales no bastaran para dar esta cuadratura, se pueden emplear los que hagan falta (en tal caso no pasarían de 115 o 120 en total), como ocurre en varios países con fórmula mixta.

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