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Opinión

¿México un país inmigrante?

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Por: Andrew Selee

México tiene una larga historia de inmigración —refugiados españoles, argentinos, uruguayos, salvadoreños y guatemaltecos; ex esclavos africanos en las costas; y comunidades de chinos, coreanos, cubanos y hasta estadounidenses llegados en diferentes momentos de la historia—.

México es la unión de múltiples razas llegadas de todo el mundo que enriquecieron el tejido social original y dejaron su sello en la cultura nacional.

Sin embargo, la narrativa de México en años recientes ha sido la de un país emigrante, y con justa razón. Hoy más de una décima parte de los mexicanos viven en el extranjero, casi 98% de ellos en EU. Pero todo parece que este paradigma está cambiando y México está volviendo a ser un país más de inmigración que de emigración. Esto trae consideraciones importantes en cuanto al rol que juega el país frente a las olas migratorias centroamericanas que tienen profundas implicaciones para la relación entre México y EU.

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A mediados de los 90, cuando vivía en Tijuana, solíamos ir al Bordo —como se llama a la frontera— de noche para entrevistar a los que se juntaban cada noche para cruzar "al otro lado". El Bordo parecía un gran tianguis, con venta de tamales, tacos, champurrado. Justo a la hora en que la Patrulla Fronteriza cambiaba de turno, todos cruzaban juntos.

A finales de los 90 todo esto cambió con la construcción de bardas cada vez más altas y la multiplicación de fuerzas de la Patrulla Fronteriza. El flujo se fue pasando al desierto y a los lugares más peligrosos, con la ayuda de polleros y cierta influencia del crimen organizado. Subió mucho el costo de cruzar, perdieron sus vidas muchas personas en la ruta y, sin embargo, continuó aumentando el número de migrantes indocumentados.

Pero, desde entonces, el número de indocumentados ha bajado estrepitosamente. Desde 2007 hay un número igual de migrantes que salen de EU para regresar a México, que de los que cruzan al norte; y el número de mexicanos indocumentados en EU ha ido bajando. Sin duda todavía hay personas que cruzan sin papeles cada año, quizás unos 150 mil, pero son menos de los que regresan a México.

Al principio parecía que este cambio se debía más a la crisis que azotó EU en 2008. Pero seis años después ya tenemos que pensar si no estamos viendo un cambio mucho más estructural en la migración mexicana.

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Si las tendencias actuales de emigración continúan, probablemente hay tres razones. Primero, la economía mexicana ha mejorado lentamente pero de manera sostenida durante las últimas dos décadas, mientras el crecimiento en EU parece ser menos dinámico.

En segundo lugar, el reforzamiento de la frontera del lado estadounidense, más allá de su carácter moral o utilidad frente a otras necesidades reales en el país, ha aumentado mucho el costo de cruzar la frontera y tal vez ha tenido un efecto disuasivo para algunas personas que de otra forma pensarían en migrar. La combinación de la crisis económica estadounidense con la dificultad de cruzar la frontera probablemente cortó el flujo en su punto más álgido y creó un tipping point —un punto clave, como lo describe el autor canadiense Malcolm Gladwell— en el que la migración ya no es una opción común como antes.

Y en tercer lugar, y esto es fundamental, la demografía mexicana está cambiando, como suele pasar cuando los países se desarrollan más, y simplemente hay menos jóvenes en edad de migración. En cambio, Centroamérica está justo en el punto en que la demografía favorece la emigración, y esto aunado a los problemas profundos de pobreza y violencia que se viven en Guatemala, El Salvador y especialmente en Honduras.

México tendrá algo de emigración en los años que vienen simplemente por la diferencia salarial con el país del norte y los lazos entre familiares que viven aquí y allá. Pero es probable que no volvamos a ver las fuertes olas migratorias que hace poco existían y que, en cambio, México se vuelva otra vez más un país de destino y de cruce para migrantes de otros países, —sobre todo los de Centroamérica, y en menor grado de Asia—. Con ese cambio, resulta que México y Estados Unidos se asemejan mucho más en su relación frente a la migración de lo que parece, y eso podría empezar a generar más cooperación que conflicto en temas migratorios a futuro. Ojalá que en México no se cometan los errores que se han cometido en EU en términos de política migratoria, y la cooperación sirva para tener mejores políticas en ambos lados, alimentadas con más humanismo y sentido práctico.

@selee.andrew