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Opinión

México: una segunda oportunidad

DESDE EL PACÍFICO

Por Miguel Mendívil Roiz

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A lo largo de la historia, México se ha convertido para muchos en un segundo hogar, una segunda oportunidad. Como consecuencia de guerras, conflictos, golpes de Estado, entre otros, diferentes olas de refugiados han tocado la puerta de nuestro país para comenzar de nuevo, lejos de los peligros que dichas situaciones representan para ellos. 

Un caso particularmente destacable es el de los refugiados españoles. En el contexto de la Guerra Civil Española, miles de personas huyeron de ese país con el objetivo de rehacer su vida en otro lugar, incluyendo otro continente. Así, muchos de ellos optaron por México para convertirlo su nuevo hogar.

Con el paso del tiempo, las contribuciones de la comunidad española de refugiados a diferentes ámbitos de nuestra vida nacional son evidentes; el Colegio de México, una institución académica de prestigio internacional, es solo un ejemplo de ello. Por supuesto, la lista de nacionalidades es mucho más extensa: alemanes, chilenos, argentinos y, de manera más reciente, afganos. 

El constante deterioro de la situación en Afganistán no solo se ha traducido en la incertidumbre política de los próximos meses, sino también en la incertidumbre del futuro de miles de personas, particularmente de mujeres y niñas, quienes, tras el regreso del Talibán, temen la potencial pérdida de derechos y libertades establecidas por la constitución de corte democrática del 2004. 

Ante esta situación, la comunidad internacional tiene una responsabilidad moral por garantizar que, en la medida de lo posible, las victorias en materia de derechos obtenidas en años recientes sigan siendo aprovechadas por las y los afganos. Aunque ello signifique que el goce de dichas garantías tome lugar en otro país. 

La comunidad internacional debe extender los brazos a aquellas mujeres y niñas que desean seguir estudiando y trabajando, a las minorías que buscan expresar su identidad de manera libre y a los miles de individuos que creen en los valores democráticos de convivencia social. Es aquí donde se le presenta a México una oportunidad de reafirmar una de sus largas tradiciones diplomáticas, la del asilo y la del refugio.  

Desde el 24 de agosto, México ha recibido más de 380 ciudadanas y ciudadanos afganos, particularmente periodistas mujeres y sus familias, y se espera la llegada de más de 100 personas adicionales. La decisión del Gobierno mexicano de dar refugio a este grupo de personas es algo de reconocerse; es, por un lado, una contribución al cumplimiento de la responsabilidad moral que tenemos como parte del concierto de naciones y, por otro lado, un refrendo de nuestra larga tradición histórica de asilo y refugio. Es un caso más que ilustra el sentido de solidaridad de la nación mexicana ante los temas más apremiantes del mundo, sin importar su ubicación geográfica. 

Con la llegada de este grupo de refugiados, no solo son ellos los que se beneficia de una nueva oportunidad de vivir y desarrollarse plenamente, sino que la sociedad mexicana en su conjunto percibirá los beneficios de incluirlos a nuestras actividades económicas, culturales, etc. 

A pesar de que el grupo de refugiados no es particularmente grande, sí es un primer paso a la recepción de más personas que huyen de un conflicto del que ellos no tienen la menor responsabilidad.

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Es nuestra labor como país y como sociedad ofrecerles un refugio en tiempos de incertidumbre, una mano hermana en los momentos en los que más la necesitan, ofrecerles una segunda oportunidad de vivir libre y plenamente. Bienvenidas y bienvenidos a México. 

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