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Opinión

Sesión 11. Salud mental y tratamiento de adicciones

AMOR, ODIO Y REPARACIÓN

Por Miguel Ángel Avilés

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Le saludo con gusto como cada jueves, esperando encontrarle bien. Espero que sus hogares, sus familias y las personas cercanas a usted hayan sorteado de la mejor manera las inclemencias del tiempo provocadas por las lluvias que esta semana nos trajo el huracán Pamela. Pese a que puede parecer una calamidad, la verdad es que también es providencial. No debemos olvidar que nuestro estado (Sinaloa) se encuentra pasando por una fuerte sequía, y necesitamos de este vital líquido. ¿Sería mucho pedir que solo apareciera una gigantesca nube sobre las presas y que descargue lluvia suficiente en esos sitios donde se almacena el agua? Crecer es descubrir que la vida no funciona de ese modo.

Para entrar en materia, y retomando que en este mes se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, quisiera, en esta ocasión y en las semanas siguientes, plantear el tema de la salud mental en distintos escenarios.

Recuerdo una ocasión en la que llegó al consultorio un paciente que llevaba ya seis meses de tratamiento en un Instituto de Reestructuración de la persona para varones con problemas de adicciones. Tenía algunos días diciendo que ya estaba listo para dejar la institución. Pedía el alta. Estaba convencido de que ya no consumiría más, y de que ayudaría a su familia con un trabajo honesto. Trataría de rehacer su vida buscando una pareja estable… ¿Recuerda usted la sesión #9? En ella dijimos que las motivaciones conscientes no necesariamente coinciden con las motivaciones inconscientes. Pues bien, en la que parecía ser una sesión de despedida para este joven, a quien llamaré Raúl, le pregunté qué había soñado recientemente. A lo que respondió con entusiasmo:

- Ah, es verdad Miguel, tuve un sueño que me gustó mucho porque yo creo que es lo que va a pasar cuando salga de aquí.

- ¿Qué te hace pensar eso?

- Pues soñé con dinero. A lo mejor quiere decir que me irá bien saliendo, y es lo que de verdad quiero. Mira, soñé que iba caminando rumbo a mi casa, ya había salido de aquí, e iba muy apurado porque ya quería llegar, entonces, en el camino encontré un billete de $100, que tomé rápido del piso y me lo guardé en la bolsa de la playera (hizo ademán de juntar algo del piso y de llevárselo a la bolsa que tenía su playera a la altura del pecho). Seguí caminando y más adelante me encontré otro billete; y así, a cada paso. Mientras más a prisa caminaba, más billetes encontraba, y por más billetes que tomara la bolsita de la playera nunca se llenaba (se daba palmaditas en el pecho), y tampoco alcancé a llegar a mi casa porque me desperté. -¿Y qué comprabas antes con $100?- Raúl se quedó callado un momento, y comenzó a mirar por la ventana. El ambiente en el consultorio se volvió tenso, como si aumentara la presión del aire y una especie de sopor nos invadiera. Le cambió el rostro y después de uno, o dos eternos minutos nos encontramos en una mirada profunda.

- No estoy listo para irme, Miguel, exclamó Raúl. Me estoy engañando. Con $100 me alcanzaba para comprar una bolsita de perico, solía comprarla una cuadra antes de mi casa, cuando vivía afuera, antes de internarme.

Raúl se quedó por un año más en tratamiento, y su pronóstico se volvió cada vez más favorable. Actualmente no sé de él, pero espero que se esté manteniendo en la abstinencia. Quien conoce de cerca el problema de las adicciones sabe que no es un mal que pueda exorcizarse fácilmente.
Algo también común es que, cuando el paciente lleva poco tiempo en atención residencial, es decir, internado, y se nota alguna mejoría, las familias optan por llevárselo: Ya lo veo mejor, dicen las mamás. Me lo voy a llevar.

Sí, es cierto, aparentemente el síntoma desapareció, pero la causa que lo originó sigue ahí. A propósito, compartiré una cita de Sigmund Freud, quien decía: “las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde, pero de peores formas”. El tema de las adicciones es complejo ya que hay muchos factores involucrados, hay poco presupuesto destinado para atender esta problemática y no hay muchas instituciones debidamente preparadas para ello. A eso, le sumamos la resistencia de las familias para atender la problemática. La adicción no es solo el síntoma de la persona, es incluso el síntoma de la familia, y es importante que se involucre la misma en este malestar. Dejar de drogarse es relativamente fácil. Hay personas que lo logran incluso sin internarse. Lo difícil es cambiar, reparar, sanar aquellos motivos inconscientes que llevaron al consumo. Invito a las familias a no minimizar esta problemática y a buscar ayuda profesional. Volviendo a lo que comenté hace un momento sobre la lluvia encima de las presas. Supone un pensamiento mágico creer que las cosas sucederán de esa manera, como también es irreal que el problema de las adicciones se resolverá con paliativos.

Me despido, sigamos las recomendaciones de Protección Civil, cuidémonos de las lluvias que dejará Pamela. Lo primero es conservar la vida (en todas sus formas y en todas las etapas).

Síganme en redes sociales y hagamos comunidad. Me encuentran como @Psicólogo Miguel Ángel Avilés. Paz y bien. Hasta la próxima. 

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