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Opinión

Sesión 26. Relaciones de pareja en las personas sordas

AMOR, ODIO Y REPARACIÓN

Por Miguel Ángel Avilés

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En las semanas pasadas, hemos estado hablando de la pareja en distintas circunstancias. En esta ocasión, hablaremos de la relación de pareja dentro de la comunidad de personas sordas.

A la mayoría nos resulta de interés lo que es diferente, lo que no es igual a nosotros. Lamentablemente, no siempre reaccionamos ante el otro con aceptación y respeto. La aceptación incondicional de la otredad. Y en lo que a las personas con discapacidad se refiere, quienes la viven desde fuera suelen acercarse, con frecuencia, buscando responder interrogantes como si tuvieran delante de sí a un extranjero o a una persona venida de otro universo; la periferia de la discapacidad.

Pues bien. Tratándose de sordos, hablamos de un grupo de personas con características comunes y una forma de vida particular, que poseen conocimientos de su mundo y comparten experiencias de lo que es ser sordo (Lane et al, 1996). Tienen su propia lengua y cultura. Una lengua viso-gestual-espacial que les es propia, la lengua de señas, y en México: Lengua de Señas Mexicana.

En muchos casos, es a partir de la adolescencia cuando pueden, por sus medios, hacer algo y salir del hogar, comienzan a separarse un poco de sus padres para buscar a sus iguales. A otro sordo que le acompañe en el descubrimiento de este grupo cultural del que hablo, ya que es en su comunidad donde los sordos pueden compartir sus creencias, historia y tradiciones; su forma de comunicarse y su cosmovisión. En esa línea, suele suceder que las personas sordas se inclinen por una elección de pareja del mismo grupo, considerando que ser usuarios de la misma lengua y tener en común la pertenencia al mismo grupo cultural, habrá mayor entendimiento. No es garantía, pero sí ayuda mucho. Aunque también se da el caso del establecimiento de parejas entre oyentes y personas sordas, suele pensarse en la comunicación como uno de los principales problemas. ¿Qué pareja no tiene problemas de comunicación? Las personas sordas, como todos los mortales, también corren el riesgo de enamorarse, y están en la misma posibilidad, como todos, de establecer o no una relación de pareja. ¿De qué dependerá? No tanto de su condición de sordera como de su madurez psicoafectiva. Hemos hablado ya en sesiones anteriores de la naturaleza de nuestras relaciones tempranas que entran en juego en la elección de nuestras parejas y en la relación que establecemos con ellas. Hay que añadir que una persona oyente que pretenda establecer una relación de pareja con una persona sorda, naturalmente tendrá que vivir un proceso de inculturación, en la lengua y en las costumbres. Pero ¿qué cosas no hacemos por amor?

En lo que respecta a la familia, encontramos que las relaciones familiares que se establecen, en algunos casos, son de núcleos dependientes entre personas sordas, y sus padres son quienes no siempre facilitan o promueven el crecimiento y la independencia de sus hijos, situación a la que también el sordo se acomoda.

El establecimiento de una relación de pareja por parte de los hijos sordos, más aún, el paso hacia el matrimonio, suele ser vivido por algunos padres con dificultad. En algunas ocasiones cuesta trabajo permitir a los hijos la autonomía en estas decisiones y quisieran intervenir tratando de cuidar que el hijo no se equivoque. Lo cierto es que de fondo está la angustia por la separación.

Es de esperarse cuando por mucho tiempo como padres vivieron en la zozobra de dejar al hijo sordo usar transporte público, “no sea que se suba a uno equivocado y se pierda”. Cuando no se le permite trabajar o estudiar por pensar que no podrá lograrlo. Cuando han estado siempre dispuestos a defenderlos de cualquier persona que quiera irrespetarlos o burlarse. Después de todo lo que han hecho por sus hijos: ir a las terapias, clases, deporte, etc.

Y ahora sin más, llega diciendo que ya creció y que quiere dejar el nido para casarse y formar un hogar. Cuesta trabajo admitir que delante de sí ya no se tiene al niño indefenso que llevaron un día a la terapia de lenguaje, sino al adulto que tiene delante la posibilidad de hacer su vida. Como suena la canción de una película que retrata a una familia sorda francesa: Mes chers parents, je pars, je vous aime mais je pars / Mis queridos padres, me voy, los amo pero me voy. Papás, ¿qué actitud están dispuestos a asumir? ¿Promoverán el vuelo?

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