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Opinión

Sesión 7. Los celos son un proceso

AMOR, ODIO Y REPARACIÓN

Por Miguel Ángel Avilés

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Le saludo con mucho gusto, como cada jueves dando continuidad al tema que hemos venido trabajando desde que comenzó el mes de septiembre. 

La semana pasada hablábamos de la envidia como un sentimiento inconsciente y primitivo. Digo inconsciente porque no es fácil que nos demos cuenta de ello… El ello; y solo a través del psicoanálisis se tiene acceso a este reservorio de recuerdos, fantasías, represiones, etc., que habitan en nuestro mundo interno. Cuando digo primitivo me refiero a que se origina en los primeros años de vida. No quisiera que se imaginara a un grupo de personas vestidas de pieles y viviendo en alguna cueva. Bien. Si usted lee la palabra “celos”, seguramente pensará en el tema de la pareja y en los conflictos que se originan a causa de estos. Nos tomaremos el tiempo para hablar más delante de las parejas, sus goces y contrariedades. Nuestro proceso de madurez psicológica se va dando en distintos momentos o etapas. Sigmund Freud, de quien hablaremos con más detalle la semana próxima, nos presenta cinco etapas del desarrollo psicosexual: etapa oral, anal, fálica, latencia y genital, y en cada una de las etapas el niño madura y desarrolla los recursos necesarios para pasar a la siguiente etapa, aunque también puede haber algunas fijaciones en algunas de ellas. Pues bien, hablemos de la primera etapa, la etapa oral, que abarca principalmente el primer año de vida. Papás, mamás, en verdad, en verdad les digo que el primer año de vida del niño es determinante en el proceso de desarrollo de sus hijos, y es muy, muy importante que en esta primera etapa la madre se dedique a la crianza del bebé, que registre y vaya satisfaciendo sus necesidades oportunamente, o frustrándolas de manera óptima sin caer en la negligencia. Como diríamos también. Ni mucho que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre, porque ojo, papás, darle todo a sus hijos siempre también los enferma.

¿No estábamos hablando de los celos?, continúo. En los primeros meses de vida, el bebé no alcanza a reconocer a la madre en su totalidad, ya que la va incorporando poco a poco en distintos aspectos, hasta que logra haber una integración. Primero se relaciona con su aroma, el pecho, mirada, el tacto al alimentarse; cuando se le baña o se le viste. Todo esto va poco a poco libidinizando al bebé, ¿qué significa? Vamos a decir con simplicidad: el tacto de la madre le permite experimentarse amado. Y es, hasta el octavo mes de vida, cuando ocurre algo llamado, “la angustia del octavo mes”, que es un proceso de madurez en el que el niño ya reconoce por completo a la madre y la discrimina entre las demás personas. Es decir, sabe quién es la mamá y quién no lo es, por eso se pone llorón cuando alguien más lo quiere cargar. Y es que es obvio, el bebé sabe que no podrá estar en mejor lugar que en los brazos de mamá. Que, por favor, nadie lo mueva de ahí. Por cierto, que esto también es decisivo para el establecimiento de relaciones interpersonales posteriores. Si la semana pasada decíamos que la envidia nos muestra lo que percibimos como una falta, en el caso de los celos, la persona se siente desplazada. Habiendo internalizado una experiencia grata de amor, hay un registro de lo que se siente ser amado incondicionalmente, pero hasta este momento, la relación era entre dos: mamá y bebé, sin embargo, inevitablemente, en alguna escena de esta obra llamada vida hará su aparición un personaje: el padre. Y qué pasa, ¿el bebé será desplazado?, ¿el amor ya no será entero para él? Se cela. Por ello es que, aún cuando haya quien diga que los celos no son buenos, los celos son más saludables que la envidia. Sentir celos indica un movimiento más progresado en el proceso de desarrollo psíquico. 

Si la persona contó con lo que Winnicott llama, una madre suficientemente buena, esta le habrá ayudado a internalizar una confianza básica en sí mima que le permita tolerar sus celos, y descubrir que, aunque se sienta amenazada, esta sensación es un sentimiento interno, pero al final, el objeto no abandona. Los celos son más saludables que la envidia, pero no por ello digo que esté bien ser celoso. Si a usted le está generando dificultades, no dude en consultar a un profesional de la salud mental. Hasta la semana que viene. Paz y bien †.

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