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Opinión

Sesión 5. Septiembre, Mes del Testamento, Mes de la Palabra

AMOR, ODIO Y REPARACIÓN

Por Miguel Ángel Avilés

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Nos encontramos, como cada jueves, comenzando el mes de septiembre, que por muchos es conocido como el Mes del Testamento, ¿ustedes ya hicieron el suyo?

La verdad es que no siempre estamos preparados para la propia muerte, mucho menos para la muerte de un ser querido. Todavía, entre nuestras familias, es costumbre que muchas de las reuniones sean en casa de los abuelos, son ellos quienes, como una gallina, abren sus alas para cobijar a sus pollitos. Bueno, sabemos que, con el llamado a permanecer en casa, muchos abuelos dejaron de ser visitados y se echó mano de la tecnología para estar en contacto con ellos, sin embargo, con la nueva normalidad a la que todos nos adaptamos y tras la vacunación de muchos de nuestros padres y abuelos, las visitas han comenzado a ser un poco más frecuentes. De acuerdo, está bien, lo sé… a muchos de ellos en ningún momento se les dejó de visitar y es muy positivo retomar la convivencia y las visitas, ya que, aunque el contacto virtual también es vínculo, a muchos de nuestros padres y abuelos les hace falta el calor de la cercanía. Después de todo, como dirían S. Juan de la Cruz: “la dolencia de amor solo la cura la presencia y la figura”.

Volviendo al tema de la casa de los abuelos como lugar de reunión, es común que al faltar los viejos (como se suele decir) la familia se divida y que, los que antes convivían en armonía y se celebraban sus cumpleaños, se conviertan en enemigos. Ahora los temas para discutir abundan: si la ropa se debe de conservar en el ropero o si se debe de regalar, si el papá o abuelo difunto hubiera querido tal o cual cosa y se deba respetar su decisión (que en realidad probablemente no decidió); si se deban de vender los animales o si las tierras se deberían de dividir. Si alguno de los que queda vivo tiene más derecho sobre otro o si reunió más méritos que ninguno, en fin. Sabemos que muchas de nuestras familias son perfectamente disfuncionales. Es verdad que muchas de ellas son ejemplares y probablemente no se sientan identificadas con lo que digo, la realidad es que muchas distan de aparecer como propaganda de ropa en la tienda a la que le debe casi todo Sinaloa, esa que dice que te ayuda a mejorar… Ustedes saben. Mi punto es que en las familias suelen haber problemas añejos que no siempre se hablan, no se resuelven, y tras la muerte del familiar se debe lidiar con ellos, además de lo natural del dolor por la muerte del familiar, o en algunos casos, el cobro de resentimientos con él. El pleito entre los hijos… porque, díganme ustedes, ¿hay hijos favoritos en las familias?, ¿a todos los hijos se les quiere igual? Mis respuestas son sí y no. Espero no causar controversia y me gustaría saber qué opinan ustedes. De cualquier modo, retomaré estas preguntas en las siguientes semanas del mes.

En definitiva, un testamento hace que los problemas sean menos, y aún así, en algunos casos, no faltará el familiar que sienta que no se le favoreció en justicia y quiera invalidar, aún así, el problema es más profundo que solo la cesión de bienes. ¿Recuerda usted cómo nos despedíamos en la segunda sesión? Los que se van, se quedan internalizados, en eso consiste la resolución del duelo, en la internalización del objeto, y aunque las cosas materiales nos representen la presencia física de nuestro ser querido, no se detiene la pérdida aferrándonos a las cosas materiales. La pérdida es un camino que todos debemos andar. Al respecto de las cosas, quiero mencionar una frase del poverello de Asís, “necesito pocas cosas en mi vida, y las pocas que necesito las necesito poco”.

Volveré con este tema el próximo jueves. Paz y bien.

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