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Opinión

Haití, magnicidio y un futuro incierto

 DESDE EL PACÍFICO

Por Miguel Mendívil Roiz

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Esta semana, el mundo fue sacudido por las noticias provenientes de Haití. Jovenel Moïse, quien desde febrero de 2017 había sido presidente de la nación caribeña, fue cobardemente asesinado la madrugada del 7 de julio en su residencia a manos de un comando armado que, hasta la fecha, sigue sin ser totalmente identificado. Además de lo condenable que el acto es por sí solo, el magnicidio del presidente haitiano ha despertado las alertas en el continente americano y en la comunidad internacional a la luz de las potenciales consecuencias que este hecho pueda tener en la ya frágil situación política y de seguridad en el país.

La historia reciente de Haití ha sido caracterizada por una alta inestabilidad producto de múltiples variables: una dictadura que no concluyó hasta finales del siglo pasado, seguida de una democracia tambaleante, golpes de Estado patrocinados desde el extranjero, afectaciones por terremotos, cólera y enfermedades llegadas desde fuera y altos índices de corrupción que no han permitido que la sociedad haitiana supere los múltiples desafíos socioeconómicos que enfrenta. Por si no fuera poco, los últimos meses han visto el repunte de la delincuencia organizada en las calles, aunada al pobre desempeño del Gobierno ante la pandemia, donde ninguna dosis de la vacuna contra la covid-19 ha sido aplicada. El asesinato de Moïse no abonará a la solución de ninguno de esos desafíos. Aún existen importantes interrogantes en torno a los hechos de la madrugada del 7 de julio: los motivos de los perpetradores, los intereses políticos detrás del magnicidio, las ramificaciones que se desprenderán de él, así como del futuro político del país en vista de los vacíos institucionales que imperan actualmente. La creciente violencia en Haití es un reflejo de que los esfuerzos realizados por la comunidad internacional para contribuir al desarrollo del país caribeño han dejado áreas importantes que no fueron debidamente cubiertas. El magnicidio, en particular, es un llamado al resto de la comunidad americana para cerrar filas y tomar el asunto con la máxima prioridad tanto en los lazos bilaterales como en los foros multilaterales correspondientes.

México, por su parte, tiene la oportunidad de hacer uso de su membresía en el Consejo de Seguridad de la ONU para dirigir la atención y recursos necesarios a fin de que el organismo internacional no escatime esfuerzos para contribuir a la consolidación de una paz sostenible, duradera, democrática, en la que el pueblo haitiano no vuelva a ser testigo de actos repudiables como el de la madrugada del 7 de julio.

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