Opinión

A dos años de Gobierno, ¿quién nos miente?

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por  Miguel Ángel Vicente Rentería

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.(Foto: El Debate)

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. | Foto: El Debate

El día de ayer se cumplieron dos años de que el PRI perdió la Presidencia de México, el ganador, un político de extracción priista, maquiavélico, un profesional en lo que hace, experto en política mediática como pocos quedan en el país.

Lleva dos años gobernando, haciendo gala de sus movimientos, controlando la agenda de todo un país con sus discursos y decisiones. Nos ha puesto a los mexicanos a pelarnos por él y en contra de él. A tratar de evidenciar sus mentiras, pero, también, a tratar de justificarlas.

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Mientras unos hablamos de que estamos frente al peor Gobierno de la historia de México, otros comparten encabezados vaticinando un nuevo despertar en la república mexicana con la llegada de la Cuarta Transformación.

 

Y así, nos pelamos por defender nuestra incuestionable verdad. Nuestra interpretación de los números, de los datos y de las declaraciones.

Sometemos a los otros con violencia, intentando imponer nuestra visión y lo que para nosotros es correcto. Como si la política se tratara de verdades y no supiéramos muy en el fondo que incluso la verdad es una herramienta al servicio del poder.

Los debates estériles a los que nos hemos conducido ya no son para construir una hipótesis colectiva, sino para ganar sobre el otro y sentirnos triunfantes.

Somos una sociedad resultado de un mal empleo de la política.

Y es que, a dos años de este nuevo Gobierno, es más claro distinguir los polos en los que la ciudadanía se refugia. No podemos negar la existencia de personas que creen que el PRI es lo mejor que le ha pasado al país, pero tampoco podemos negar a las cerca de 30 millones de personas que creen que Morena es una esperanza para México. Y hacer cambiar de opinión a cualquiera de estos dos polos es tan complicado, pues cada uno asume su verdad como un hecho.

Mientras para unos el PRI miente, para otros Morena también miente.

Entonces, ¿quién nos miente?

O planteémonos: ¿qué ganamos quienes aspiramos a desacreditar la mentira del otro? ¿Realmente somos justicieros buscando equidad, o más allá de nuestra convicción por defender nuestra verdad existe un fin que necesita de ese triunfo argumentativo?

Todas estas preguntas nos sirven para advertirnos antes de iniciar un debate, sobre todo cuando se trata de política. Si al final la narrativa que construimos es a partir de nuestras interpretaciones de los datos, no podemos cerrarnos a las interpretaciones de otros que –citando a nuestro presidente- “tienen otros datos”.

Ya pasamos dos años discutiendo y argumentando, haciendo enemigos en redes sociales y hasta en la familia. Creyéndonos mentiras que han cumplido su objetivo: que es precisamente, convertirse en verdad. De ahí la responsabilidad de quienes tenemos un espacio para hablar o escribir sobre los temas que son de interés nacional.

Sobre todo porque la política y con ella, sus políticos no van a cambiar. Y no deberían de hacerlo, la interpelación de ideas entre ellos provoca que nos construyan propuestas rentables para que el ciudadano pueda decidir entre una u otra. Pero esto no significa que nuestra elección sea la mejor para todos o que uno de los dos diga la verdad y el otro mienta. Porque al final, todos mienten.

Nos entretienen, nos llenan de información, nos saturan de discursos políticos y antipolíticos con verdades tan débiles y mentiras tan fuertes que no podemos distinguir.

Y ahí está el reto, en aprender a discernir y descubrir si es mentira la verdad.

Nos vemos en la próxima.

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