Opinión

Diálogos de sordos

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por  Miguel Ángel Vicente Rentería

Foto temática(Pixabay)

Foto temática | Pixabay

En debates estériles se han convertido hoy en día las conversaciones sobre lo político, diálogos de sordos que no construyen nada propositivo, mentes aferradas y fanatizadas por ideologías de nuevo acontecer, máquinas repetitivas de información sin comprobar, pero que obedece a sus propios intereses.

Cada vez es más difícil construir en el terreno de la opinión pública, que parece minado. La palestra política hace mucho dejó de ser una arena de negociación profesional, donde se podía sentarse a dialogar sobre las distintas ideas y proyectos, y construir uno en consecuencia.

¡Bien! Te has suscrito a notificaciones

Configura y elige tus preferencias

Vemos cómo hoy por todo hay pugnas. Qué fácil y qué irónico se señalan entre políticos, cuando de sobra se sabe que la gran mayoría pasó por la misma tijera. PAN contra PRI , PRI contra Morena y Morena contra todos de día, y todos amigos de noche.

Hace mucho que ya no existe privacía, profanamos la misticidad que esta profesión tenía y los recintos poderosos se convirtieron en madera y cemento. Las ágoras de las viejas Atenas donde los grandes pensadores discutían los temas de la agenda pública, y solo ellos tenían esa facultad para hablar sobre ello, ahora se van convertido en ágoras digitales donde todo mundo sin pudor, temor y conocimiento diserta su opinión por mas que el tema le rebase.

Las discusiones de la agenda pública a veces son más documentadas, propositivas y fuertes en un café entre dos desconocidos, que entre una Cámara de Diputados. Los diputados ya no son lo que eran, y cada vez más se enfrentan a otros diputados antagónicos que no dan su brazo a torcer, lo que dificulta una posible negociación.

Y ahí se va la vida, debatiendo entre sordos.

Y asimismo en la sociedad nos creemos con la libertad de señalar y satanizar a una persona por un error, creamos lord esto y lady esto, sin pensar en las consecuencias futuras. Al diablo quedó la frase “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. ¿Qué es eso? Irónico, pero cierto.

No somos ni mejores ni peores que los que señalamos, pero ahí vamos subiéndonos al tren del mame por un generoso like, como si nuestra moral y hoja de vida fuera intachable, como si en la secrecía de nuestra privacidad no hiciéramos cosas peores, que si salieran a la luz pública nos formarían en la lista de lores y ladies donde nadie, absolutamente nadie nos tendrá piedad.

Dice Gerchunoff en su libro Ironía on que somos comisarios políticos cotidianos, patrullamos la esfera pública en busca de transgresiones y exigimos rendiciones de cuentas a todo mundo. No aceptamos un no de respuesta, mucho menos a la clase política. Nos creemos dueños de sus vidas.

Si se compra un carro, si se realiza cirugías esféricas, si se le ve más, si se le ve menos. La conversación pública ya se ha colado en todos los espacios privados, y, lo que es peor aún: en la intimidad del sujeto.

Ante esto, hemos creado leyes que nos protejan de nosotros mismos y que no exhiban nuestra mezquindad como personas. Y todavía hay quien está en contra de esto, todavía hay quien piensa que tiene la razón por encima de todo.

La discusión pública sobre lo político es una área tóxica que nos obliga a replantear la dosis de información que consumimos; y también a realizar un ejercicio filosófico para descubrir lo que nos venden como verdad, sobre todo y repito sobre todo en lo político.

Llegar a este nivel o capacidad de análisis nos permitirá poder emitir una opinión o enfrascarnos en un debate sustancioso y propositivo, que no se convierta en un debate estéril que no provoque más que la satisfacción de ganar la discusión a costa de lo que sea.

Si habremos de debatir, que sea un encuentro de ideas, no seamos, hipotéticamente, los sordos que se pelean en redes sociales. Elevemos el debate.

Nos vemos en la próxima.

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y entérate de todo