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Opinión

El ‘lobby’ político; Quirino y Rocha Moya

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

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audima

Una democracia sin participación de las demás expresiones, ¿es realmente una democracia?

El lobbying político es una práctica del ejercicio del poder como muchos otros, donde incluye a la ciudadanía y a los grupos de oposición política como un ente decisivo en la toma de decisiones. Existe todo un marco académico que estudia los comportamientos de estos grupos organizados, para averiguar los pasos y los mecanismos que siguen para incidir en los políticos. Para algunos autores de tesis políticas, el lobbying es una práctica emanada de la casualidad, iniciada justamente como protesta y después como un acto de cabildeo entre grupos y figuras del poder.

Distintos grupos, distintos intereses y distintas opiniones deben considerarse como parte del todo para poder elegir una política pública correcta, aprobar una ley o simplemente realizar una declaración o emitir un posicionamiento. Derivado de estas decisiones, ya sea autoritarias o de consideración de los otros grupos, es donde se pone a prueba la legitimación de la figura del poder, por ello es que una alternativa práctica o una voluntad general debe considerarse para salir lo menos golpeado posible. Más aún cuando los temas versan en la polarización de dos grupos antagónicos, o temas donde la sociedad no se puede poner de acuerdo, como por ejemplo el aborto, el matrimonio igualitario o la regularización de la mariguana.

En esta nueva coyuntura política en Sinaloa y México, la democracia tiene que ser más plural, ¿qué quiere decir esto? Que debemos entender que los grupos de presión estarán cada día más organizados y más presentes en los edificios de Gobierno, por ello, el lobbying cada día se vuelve más necesario. Además, la polarización en la que se encuentra la política, la guerra entre fifis y chairos y el efecto negativo que ha provocado la lucha de clases vuelve más necesaria. Que quienes toman decisiones le apuesten más al lobby que al antagonismo o interpelaciones llenas de dogmas o preferencias partidistas que convierten toda negociación en un diálogo de sordos. Hacer uso de esta estrategia de manera responsable, brindará a todo aquel que ostente un cargo público o su investidura que representa poder, una mayor aceptación por parte de la sociedad.

Y aquí aclaro por parte de la sociedad, porque lastimosamente para la cultura política el lobby o la negociación, a pesar que se realiza desde hace muchísimo tiempo, no termina de agradar a unos y a otros, como por ejemplo cuando un político dialoga y acuerda con uno contrario a su partido. Justo en ese momento se hace presente el instinto humano de “ver sangre”, que no siendo satisfecho, explota en contra de quien antepone sus interés personales, en la mayoría de las ocasiones por una decisión general. La política tradicional ya no puede ni hacer uso de la fuerza ni repudiar a quienes se manifiestan, sean legítimas o no sus afirmaciones, la hipersensibilidad en la que nos encontramos exige mayor técnica de cabildeo, de lobbying, de acuerdos. Sin embargo, todo en política llega a los excesos, y es aquí cuando tenemos que estar alertas tanto unos como otros, ya que como lo señala James Madison, el uso faccioso de los “grupos de poder” también orilla que quienes toman decisiones lo hagan a costa de la presión. Tal y como ya ha sucedido en nuestro estado, en el Congreso Local, particularmente.

El lobbying político nos ayuda a desestructurar los intereses y buscar acuerdo común entre las partes, en este procedimiento se encuentra el único momento de la política ejecutiva, donde vale más el proceso de la decisión que el contenido de la misma.

Nos vemos en la próxima. 

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