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Opinión

El rumor político

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

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Todos los días, las mesas de análisis y la comentocracia política está opinando sobre algún tema, generan su contenido a través de manifestaciones de distinto tipo, hacen valer su sentir con stickers, memes, emojis, mensajes de WhatsApp, post de Facebook, tuits o historias en Instagram, hablan de la vida política de los actores y actrices, sus hobbies, y de “lo que pasa”. Ese que hay de nuevo que te propone un esculque en tu mente para proponer de qué hablar. Pero, ¿quién determina qué es lo que pasa? ¿Es espontáneo derivado de fenómenos ajenos a nosotros? No lo sé, tal vez como algún desastre natural o un accidente, o es que alguien llega con un tópico y nos parece irresistible opinar al respecto? La opinión pública, política, es lo más efímero del mundo, pero también puede ser ambivalente, es decir puede servir por un lado para hacer creer a un sujeto que puede ser presidente municipal y “rescatar” la ciudad, o bien, puede servir para derrocar una imagen y hacerla desaparecer del escenario político, una muerte civil nada letal para la salud pero muy sustanciosa para la exposición mediática. 

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En ese sentido, la revolución narrativa a la que nos enfrentamos consecuencia de que hoy las redes sociales le han dado voz a todo mundo, nos obliga a poner pausa en nuestra participación en cualquier foro de discusión, pues bien, la responsabilidad hoy de lo que disertamos es tan grande que puede causar eco en los lugares -o personas- que incluso desconocemos.

Es por esto, que a la realpolitik no le conviene dejar al azar los temas a discutir en la sociedad, de cierta manera les vuelve vulnerables no saber de qué se va a hablar mañana, ese temor vigente de que si hablarán bien o hablarán mal sobre ellos en la columna de mañana o en la mesa de análisis de la tarde siempre está presente. Aunque lo nieguen, aunque hagan como que se les resbala.

Y tanto no les conviene que no es fortuito que un tema se vaya tras otro que llega, que los mismos actores políticos siembren temas y nos hagan partícipes de ellos, nos inducen sobre qué hablar tanto así que un día comenzamos el día en un café hablando de una pifia del presidente, y al otro día de que Bimbo le subió los precios a los roles de canela, obviando claro, los temas que realmente son importantes como las 62 mil personas desaparecidas en el país en esta administración, por decir un dato solamente.

En esta búsqueda del origen del rumor político, también caben los errores involuntarios, por supuesto.

Sin embargo, la búsqueda de la información no siempre obedece a la plantación de temas, en defensa de los medios de comunicación, si bien es cierto que existe este método propagandístico, también es cierto que de un tiempo a la fecha poco se utiliza, se perdieron junto con los buenos valores y otras prácticas políticas.

Pero, el trending, rumor, o posicionamiento es un recurso que se elabora dentro del plan de comunicación de los Gobiernos y de los políticos. Se ejecuta y administra para la obtención de objetivos predeterminados, tomando en cuenta que se deben prever las consecuencias que traerá su difusión y las posibles reacciones de la sociedad.

La rumorología, cumple una función esencial para controlar la opinión pública y someter al pueblo de una manera invisible, esta es una herramienta letal cuando versa el tema sobre una mentira y llega a tal punto que todo un país lo está conversando y lo está creyendo.

Es también, un actividad imprescindible en la práctica política, una manera maquiavélica de gobernar pero al fin -citando a este gran filósofo- el fin debe justificar los medios, con sus asegunes.

La pregunta es: ¿de qué iremos a hablar mañana? No lo sé, pero de lo que sí estoy seguro es de que no vamos a hablar, y les apuesto que muchos políticos también lo saben, esa información o dato revelador que los ponga en riesgo no se debe tocar por ningún motivo, que se hable de todo, menos de eso.

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El rumor político, juega un rol importante en toda esta construcción de narrativas, es un peso que inclina las balanzas, a veces a favor o a veces en contra. Es esa piedrita que es capaz de llenar el costal y romperse por completo.

Nos vemos en la próxima.

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