Opinión

Elección de candidatos, no de partidos

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por  Miguel Ángel Vicente Rentería

Se ha comentado que de unos años a la fecha la ciudadanía toma cada vez menos en cuenta el partido del que un postulante forma parte(Debate)

Se ha comentado que de unos años a la fecha la ciudadanía toma cada vez menos en cuenta el partido del que un postulante forma parte | Debate

Estamos a 59 días de que comiencen formalmente las campañas electorales en Sinaloa. Del 4 de abril al 2 de junio se someterán al escrutinio ciudadano y se enfrentarán a los debates políticos quien desee ser gobernador, alcaldes, regidores, legisladores y síndico procuradores.

Hasta esa fecha sabremos cuál personaje logró convencer a la ciudadanía de que era el idóneo para ocupar el puesto de representación popular.

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Ante las difíciles circunstancias en las que una candidata o candidato se enfrentará para solicitar el sufragio, está una por demás desgastante, de la que ningún aspirante hablará, pero que si contabilizará para armar su estrategia electoral, y es la que tiene que ver con el lastre que por décadas los partidos han dejado a su paso.

En muchas pláticas se ha comentado que de unos años a la fecha la ciudadanía toma cada vez menos en cuenta el partido del que un postulante forma parte, aunque si bien es cierto que la partidofobia existe, el candidato muchas veces vence este síntoma para lograr el voto a pesar de la mala impresión que un logotipo político pueda tener en su campaña electoral.

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Dicho sea de paso, hace mucho que la pasarela de candidatos ante los distintos partidos se vuelve más común, y la rentabilidad de uno o de otro puede garantizar el triunfo a pesar o con el favor de un instituto político que dignamente le ofrezca la candidatura que este desee.

Y eso no es producto de otra cosa más que del desgaste que los mismos partidos tienen para designar a sus candidatos y de la mala operación ejecutada para unir los cuadros disidentes y que no se vieron favorecidos, lo que provoca, en consecuencia, desintegraciones dentro de las filas.

Por ello, la plataforma que un partido hegemónico pueda ofrecer a un candidato a estas alturas, es inverosímil que esta per se lo lleve al triunfo, sobre todo si se trata de un pésimo candidato. En contraparte, una plataforma de un partido pequeño o de nueva creación puede resultar una posibilidad factible para un candidato o candidata que per se, también, tenga un real apoyo ciudadano.

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El voto partidista, voto seguro o “voto duro” que antes los partidos ofrecían a algún candidato, donde no importaba quien fuera en realidad, sino que solo por ir esas siglas ya le garantizaba el triunfo, ha desaparecido totalmente de la escena estratégica electoral, por ello ahora se necesitan estructuras paralelas, estructuras espejos, cuota de votos a aliados, entre otras operaciones territoriales.

La ciudadanía que apoyaba en las urnas independientemente de los candidatos y de las propuestas que los institutos políticos ofrecían ya desapareció, no por completo, por supuesto, pero ya no es garantía de nada.

Por cierto, no es fortuito que cuando exista un candidato con cualidades correctas, pero por un partido incorrecto, los logotipos de este instituto aparezcan con letras chiquitas. Pues la estrategia aquí es justamente ignorar el voto duro para darle oportunidad a que el “voto útil” marque la diferencia.

Esta estrategia electoral descrita desde el siglo IV por un escritor que llamaron “el Maquiavelo hindú” valida la tesis de esta columna, donde se apela al voto sincero o la preferencia real del elector que va encaminada al candidato o candidata; independientemente de los colores que traiga en su playera y que tal vez no son los colores que este ciudadano defienda, pero que en un ejercicio de honestidad, vota por quien es el perfil más popular, que impulse una agenda correcta o que simplemente vaya a ser el que gobierne mejor, a pesar de sus preferencias.

En esta elección en Sinaloa, donde los candidatos ya han recorrido uno o dos partidos, donde hay alianzas nunca antes  vista, donde no existe un sentimiento de izquierda o de derecha sino que más bien los partidos se han mezclado sin dejar clara su visión y hay un entreveramiento de personajes y colores en unos institutos y otros; la ciudadanía va a votar por el candidato, antes que por el partido.

Los tiempos en la política cambiaron, y los políticos están cambiando con el tiempo. Quienes no lo vean así, están condenados a quedarse a vivir solo de glorias pasadas.

Nos vemos en la próxima.

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