Opinión

Endogamia política

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por  Miguel Ángel Vicente Rentería

Foto temática.(Pixabay)

Foto temática. | Pixabay

En la vida política de todo ser humano, es muy común atribuirle un adjetivo a sus logros, además de sus destrezas y generosas circunstancias, siempre se le piensa a este por el “grupo de poder” al que pertenece. Esos círculos o alianzas de las cuales forman parte para generar un bloque por intereses mutuos, o por la simple coincidencia de estar en lugar determinado, con personas determinadas, muy a pesar de pertenecer incluso, a un mismo instituto político. Aclarada esta “extraña” coincidencia, es común dentro de estos círculos una peculiar patología, es aquella llamada como “endogamia”, pero ¿qué es la endogamia y cómo se relaciona con la política? Pareciera que es un simple término rimbombante, pero va más allá, la relación que tiene con la política y sus grupos ocasiona involuntariamente, un daño tremendo. Endogamia, en términos descriptivos, es la unión, matrimonio o relación de dos personas de la misma casta, religión o sangre donde generalmente se excluye a quienes no pertenecen a este linaje. En cuestiones médicas, endogamia, es una patología gravísima que ocasiona malformaciones genéticas y discapacidad intelectual. Y en la política, podemos referenciar este fenómeno endogámico, y señalarlo incluso, pues, existe cada vez más latente sobre todo cuando de partidos políticos distintos se trata, pues el rechazo en automático de quien es de Morena, para con los del PRI, por ejemplo, y viceversa por supuesto, se da por automático, cual si fueran estos personajes indignos, grotescos o dañinos per sé. Pero también, dentro de cada ideología existe la endogamia política, podemos ver esa exaltación, ovación y entrega desmedida hacia personajes que honestamente, no lo merecen, cual si fueran dioses encarnados en líderes, como si estos no fueran de carne y hueso o no tuvieran error alguno, una especie de demencia que se convierte en aplausos al unísono para evitar las preguntas en nuestros grupos internos, incluso dentro de nuestros partidos. Y no se trata de lealtad, se trata de otra cosa. Pues alguien leal, no es leal sólo a su grupo, sino a su partido, pues el bien colectivo siempre tiene que estar por encima del bien común, en teoría.

La endogamia política, es un virus dentro de los partidos políticos y ninguno está exento de ello, el temor por ser descartado por un grupo específico, nos obliga a vendarnos la mirada ante la verdad y aceptar las imposiciones de grupo dejando de lado la crítica, la crítica constructiva. La autocomplacencia entre quienes practican sin saberlo por supuesto esta patología política, provoca que los grupos cada vez más se cierren, excluyendo más y más personas hasta que los grupos son tan pequeños que los valores entre los integrantes ya son entendidos, las coincidencias son tal que la endogamia despierta placer, felicidad y armonía entre ellos. Es aquí donde el bien colectivo se convierte en un interés de 3 o 10 personas y no de la institución que representan, comienzan pues a fragmentarse los partidos, las instituciones y los Gobiernos, por ignorancia, mezquindad o egocentrismo, por no entender por qué pasa lo que pasa. Por ello, la obligación de quien se dedica al ejercicio de la política, siempre debe ser proponer una visión general, de conjuntos y de unión entre las distintas opiniones incluyendo a las disidentes pues, es el debate quien fortalece la construcción de una idea, de la misión o visión de grupo. Mientras se siga practicando la endogamia, concentrándose en pequeños de grupos de poder, fragmentando, enalteciendo valores y personas que no le abonan al interés general sino al interés personal, la política no va a cambiar y la unidad va a ser imposible.

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La búsqueda de los grupos por el poder tampoco es una excusa para esta práctica, ampliar la visión a nuevas alternativas incluyentes, siempre traerá cosas distintas. A unir a las generaciones, a reventar la burbuja personal en la que cada grupito vive y escuchar las distintas opiniones, nutrirse de ellas y crecer en conjunto. Conocer personas con los mismos intereses y llevarlos al equipo para consolidar uno solo con todas las expresiones. Que no se secuestre el poder, que no se sea endogámicos, amplíen horizontes y hagan política de verdad, de equipo, de altura, de la que merecen los sinaloenses, de la que están obligados a hacer si ya están viviendo de esto.

Nos vemos en la próxima.

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