Selecciona tu región
Opinión

Negacionismo político

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

-

En el comportamiento social, el negacionismo es exhibido por personas que eligen negar una realidad evidente para evadir una verdad incómoda; se describe como “el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable”. Es en esencia un acto irracional que retiene la validación de una evidencia ya sea por omisión, o por conveniencia.

Michael Specter, investigador de este tema, aborda este fenómeno social como un concepto de negacionismo grupal, señala que es cuando un segmento de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, “da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable”. Esto sucede por ejemplo en los temas como el Aborto, la legalización de las drogas o los derechos LGBTIIIQ, que aún siendo temas mundialmente reconocidos, seguimos legislando y juzgando a priori.

Para la ciencia -ojo, la ciencia- el negacionismo ha sido definido como el rechazo de conceptos básicos, aceptados y fuertemente apoyados por la evidencia que forman parte del consenso científico en alguna área. El negacionismo se ha consolidado de variadas formas para rechazar una arrolladora evidencia. Vaya, el negacionismo es: negar lo que a toda luz científica, es comprobable y evidente. Un problema mayúsculo es, que desde hace algunos años el negacionismo ha formado parte de las estrategias políticas para ganar adeptos y por supuesto que ha funcionado, sobre todo los que obedecen a movimientos populistas. Los movimientos populistas han sabido servirse de las teorías negacionistas. Poner en cuestión temas tan absurdos por ejemplo:

Negar la existencia del cambio climático, decir que las vacunas no sirven para nada o señalar que extraer petróleo no es tan difícil: “solo se hace un hoyito, se mete el popote y sale”. Estas expresiones les han ayudado a muchos candidatos en el mundo desde lo local a lo nacional, a ganarse sus corazones —y los votos en urna por supuesto— de miles de personas.

Que las teorías conspiranoicas se conviertan en asuntos de debate político no es casual: el populismo y el negacionismo están cada vez más relacionados.

Por ejemplo; hasta 2015 Brasil era el país del mundo menos escéptico con el cambio climático; toda vez que su actual presidente, Bolsonaro, ganó la elección, se convirtió en el enemigo de los defensores del cambio climático llegando a afirmar que “en caso de existir el cambio climático” está relacionado con el crecimiento demográfico más que con la industria minera, la tala de árboles y el uso de combustible. Dicho sea de paso que este país, al igual que Estados Unidos en el 2018 con Trump acordaron retirarse del Acuerdo de París contra el cambio climático afirmando que la protección del Amazonas es parte de un complot mundial orquestado por Naciones Unidas para terminar con la soberanía brasileña sobre el territorio. El negacionismo, crea complots.

Este país como muchos otros al que lastimosamente se unió México, se han sumado a la larga lista de países que han visto cómo las teorías negacionistas y los vendedores de ideas penetran en la política nacional. Lo que empezó con un Trump que ponía en duda el calentamiento global o debatía tesis científicas ampliamente extendidas ha terminado por replicarse en otros países. El negacionismo está entrando en el debate político de la mano de movimientos populistas que han encontrado en estas ideas un filón en el que pueden conseguir votantes a través incluso de la posverdad, tema central de mi columna de la semana pasada. No sé si recuerdan que hace algunos años en Colombia habían votado en contra del referéndum de la paz, y ustedes se preguntarán; ¿cómo es posible que los colombianos estuvieran en contra de la Paz? O cuando sucedió el tema del Brexit ¿a quién se le ocurre votar por salirse de la Unión Europea? O ¿Quién en su sano juicio realiza una ficción de la rifa de un avión? Todos estos temas son producto de un negacionismo social. Por lo visto este nuevo término nos señala y ayuda a visibilizar un hecho fehaciente, que hoy importa mas una creencia, un sentimiento o una emoción personal que un hecho probado, y que estamos dispuestos a joder a los demás a cambio de nuestro propio placer de tener la razón.

En defensa de estos, y para tener las dos perspectivas tampoco la política les ha dado muchos motivos para confiar de manera ipso facto, por ello tal vez recurren a opciones extremas.

La covid y la incertidumbre de esta enfermedad se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para las personas con esta actitud. Sin embargo, dudar es lógico. Lo que no es válido es seguir obsesionado cuando te lo han explicado.

Nos vemos en la próxima.

Síguenos en

Mantente informado sobre lo que más te importa

Recibe las noticias más relevantes del día en tu e-mail

Debes ingresar un E-mail valido. Ha sucedido un error en la suscripcion.
¡Tu suscripcion ha sido exitosa!

Suscribirse implica aceptar los términos y condiciones

Últimas noticias