Opinión

Política al menudeo

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por  Miguel Ángel Vicente Rentería

Partido Revolucionario Institucional.(Foto: Reforma)

Partido Revolucionario Institucional. | Foto: Reforma

Hay una realidad que no podemos negar, y es que el PRI es el primero y gran partido diseñador de la política en México. No lo digo yo, la historia nos lo cuenta como el partido dominante de la política mexicana por más de 70 años.

No se puede hablar de México sin que la participación del PRI esté presente, ya sea para bien o para mal. 

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Y en esta larga trayectoria, este partido ha sabido configurarse a los tiempos que se viven en México. A veces contra la voluntad misma de su génesis; y otras, adelantándose a las situaciones que el país atraviesa. 

Como ningún otro partido, logró con sus sectores, como la CNOP, penetrar en las venas del territorio mexicano, creó sentido de pertenencia al Partido Revolucionario Institucional tanto en personas de grandes élites económicas como en el más humilde jornalero y obrero. Desarrolló liderazgos en sus filas y detectó a los liderazgos naturales.

Se hizo rey de lo que llamamos consultores y analistas como “política al menudeo”.
Sin embargo, con el paso de los años y la evolución de la tecnología, esta operación comenzó a disminuir sus resultados. Para el 2010, se auguraba que la política de masas con el surgimiento de la “Política 2.0” habría de sustituir por completo a la “política tradicional”.

El expresidente Barack Obama en Estados Unidos, el partido Podemos en España y más recientemente el expresidente Mauricio Macri en Argentina fueron resultados de que los grandes mítines, el contacto en la calle con la ciudadanía, y la “política al menudeo” no fueron necesarias cuando se tuvo dominaba por completo una pantalla de un smartphone y una gran estrategia de difusión a través de redes sociales y el internet.

En el 2012, resultó con Enrique Peña Nieto en México y todavía hasta el 2018 creíamos que la “Política 2.0” había ya liquidado a la política tradicional como la conocíamos, pero no es así del todo.

Como bien lo mencioné, no se puede hablar de política mexicana sin mencionar al PRI, pero tampoco se puede hablar de política sin pensar en la participación del ciudadano, en la operación de tierra y contacto directo con las bases que conforman un partido político.

Si bien es cierto que la política de aire, la especulación, los mensajes que enviamos con las fotos que subimos en redes sociales y las menciones de columnistas y medios de comunicación son importantes para crear una percepción política, estos nunca sustituirán un apretón de manos o un “gracias” cara a cara ganado en la calle. 

La “política al menudeo” siempre va a ser importante en la construcción de la ciudadanía política, regresa a los partidos políticos a su esencia como entidades de interés público, promotores de la participación del pueblo en la vida democrática para hacer posible el acceso de la ciudadanía al ejercicio del poder público mediante el voto. 

Y este fue un acierto del PRI por más de 70 años que le permitió llegar a los lugares más recónditos de México, y hoy sigue siendo una operación estratégica para recuperar lo que perdieron las elecciones pasadas. 

Tal vez ahí estuvo siempre la debilidad del PAN y del PRD en su intento de superar al PRI, y posiblemente en un futuro cercano también se convierta en la debilidad de Morena, al ser este un partido inflado por su percepción y operación de aire que, dicho sea de paso, es excelente.

Y es que el PRI, como ningún otro partido nacional, es el único que se ve en las calles haciendo política —jamás se ha visto a un PAN, a un Morena, a un PES o Partido Verde haciendo rifas, resolviendo gestiones, organizando posadas, sacándose una selfi con gente de las colonias populares, etc., en fechas que no exactamente son campañas políticas—

Salvo la mejor opinión de usted, querido lector, la política al menudeo es importante, y sigue siendo un elemento indispensable para conocer de primera mano los problemas del ciudadano de a pie, problemas que, de resolverse, pueden convertirse en votos, y que, de tener los necesarios, pueden convertirse en elecciones ganadas. 

Nos vemos en la próxima.

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