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Opinión

¿Por qué sería buena una reelección en México?

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

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audima

El 18 de marzo del año pasado, la Cámara de Diputados aprobó por mayoría de votos una reforma que permitió a las y los congresistas reelegirse sin renunciar a su cargo. Esto desató una serie de inconformidades por quienes representan la oposición al régimen de la “cuarta transformación”, sobre todo por la forma en que este proceso legislativo se llevó a cabo, sin embargo, el semblante cambió cuando muchos de ellos decidieron reelegirse por el mismo cargo, o bien postularse por otro sin tener que solicitar licencia. Sin embargo, centrémonos en el fondo de la discusión; y es que esta modificación tiene que analizarse en el contexto político que vive el país, no afirmar que es un retroceso para la democracia sin adentrarnos un poco en lo que esta norma representó a corto plazo en la pasada elección, y en lo que pudiera representar a largo plazo en la elección presidencial del 2024. Porque ¿en verdad la reelección a como fue aprobada significa un retroceso? ¿O es una oportunidad para poner a prueba una vez más la madurez del Sistema Democrático Mexicano? La reelección -cabe aclarar- no es una novedad, o no debería ser así pues esta ya existe en México desde el 2014 a nivel federal y desde el 2015 en Sinaloa, cuando se tuvo a bien homologar las elecciones, donde dicho sea de paso, además de este esfuerzo, nuestra entidad se llevó un palmar más al convertirse en el primer estado que aprobó la paridad de género, es decir, 50 - 50 en todos los cargos de elección popular. Dicho esto, volvamos a la pregunta inicial: ¿por qué sería bueno una reelección en México?, ¿qué no Madero dijo “sufragio efectivo no reelección”? Para empezar, tenemos que entender que esto fue hace 110 años y obedecía a una coyuntura política de esa época, alejada a la transición del sistema democrático nacional de hoy en día que nos obliga a evolucionar y dar paso al surgimiento de nuevas reformas constitucionales, que vengan a poner a prueba la solidez de las instituciones electorales y la madurez del electorado, ad hoc a los tiempos y retos que vivimos actualmente. Algo que no podemos negar es que sin duda un problema grave que enfrenta la política es la poca profesionalización de su misma clase política, y enfocándonos a los temas legislativos vemos como cada 3 años en los Congresos locales y federales desfilan personajes que no tienen ni idea de lo que representan y lo que van a hacer a un recinto parlamentario. Teniendo como consecuencia una curva de aprendizaje costosa para la ciudadanía en presupuesto y en trabajo parlamentario que bien puede durar de uno hasta los tres años en su ejercicio.

Ahora bien, para los efectos que esta reforma propuso, la reelección garantiza en quienes así lo deseen y aspiren reelegirse, tener por lo menos una carrera parlamentaria y política que pudiera garantizar mejores resultados para sus representados al asumir nuevamente su cargo. Si bien es cierto que representaría también una ventaja para otros y otras que aspiren a estas posiciones electorales, es justamente este un principio que los partidos políticos deben garantizar para postular a sus candidatos: la idoneidad del puesto. Además, esta reforma no exime los procesos particulares de los partidos políticos y sus principios de postulación. Al fin y al cabo, nuestra democracia y nuestro sistema tienen como eje principal a los partidos políticos y son ellos los que decidirán si aceptan la postulación de reelección de sus políticos. Las reformas a las Leyes de Procedimientos y Partidos Políticos aprobadas por la Cámara de Diputados para una reelección consecutiva sin pedir licencia del cargo, y otras posiciones que pudieran surgir de una consulta popular o revocación de mandato, son una gran oportunidad para fortalecer nuestro Sistema Electoral Mexicano, nuestros procesos electorales y el pluralismo; nuestras libertades civiles; el funcionamiento legislativo; la participación política y, sobre todo, nuestra cultura política. Si bien estamos muy alejados de alcanzar las utopías democráticas mexicanas al nivel de los países nórdicos, como Noruega, Nueva Zelanda o Dinamarca, sí podemos decir que por lo menos ya no pertenecemos al dos por ciento de países de América Latina que estaba obsoleto en este tema.

¿Qué nos queda como lección a esta premisa además de la esperanza de fortalecer nuestra democracia? Pues darle la oportunidad a una nueva forma de ver el poder político, convivir con ella y jugar el rol que nos asigna la misma democracia por nuestros resultados electorales.

La reelección en México es un tema tabú heredado por nuestra cultura política histórica, pero no por eso tiene que ser una cuestión de rechazo total. Países con niveles de vida, economía, transparencia y democracia mejores que  México ya cuentan con estos mecanismos de participación política. 

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Que no nos den miedo las reformas al poder. El poder se tiene que reformar si es posible todos los días, pues el único acceso a él es por la vía democrática, y la democracia es una lucha inacabada.

Nos vemos en la próxima.

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